BATALLA DE CASEROS: LA GRAN DERROTA NACIONAL (Primera Parte)

Historia-Hispanidad Martes 6 de Febrero de 2018

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El Palomar - Lugar de la Batalla de Caseros

El 3 de febrero de 1852 las fuerzas de la Confederación Argentina comandadas por Juan Manuel de Rosas se enfrentaron a un ejército dirigido por Justo José de Urquiza integrado por tropas de Entre Ríos, Corrientes, la Banda Oriental y el Brasil. Tras cinco horas de combates la victoria fue para las armas del caudillo entrerriano. La derrota de la Confederación no implicó solamente el derrocamiento del gobernador de Buenos Aires, significó ante todo el fin de un sistema político, económico y social. Significó el fin de un modelo de Argentina y el inicio de otro completamente diferente.

1. Las causas de la batalla

Para tratar la cuestión es necesario analizar por separado las causas que llevaron a cada uno de los actores a formar la coalición que derrocó a Juan Manuel de Rosas.

Urquiza, el litoral y el sistema económico de Rosas

Mucho se ha escrito sobre Caseros y cuáles fueron las razones que motivaron a Justo José de Urquiza - general leal a la Confederación durante muchos años – a tomar la decisión de alzarse en armas contra un gobierno legítimamente constituido. La primera aclaración necesaria a realizar es que Urquiza no siempre militó, como comúnmente se cree, dentro de las filas del partido federal. En 1826 mientras gobernaba la provincia de Entre Ríos el coronel Juan León Solás se urdió una revolución para derrocarlo encabezada por Salvador María del Carril, figura de primera línea del unitarismo y uno de los instigadores del asesinato de Dorrego. Del Carril fue apoyado por Ricardo López Jordán , Justo José de Urquiza y su hermano Cipriano . Transcurrieron los años y Urquiza se destacó luchando al frente de las fuerzas federales contra los unitarios en la Mesopotamia hasta su pronunciamiento, pero ¿por qué lo hizo?.

La principal causa de su levantamiento está directamente relacionada con las diferencias con Rosas en cuanto a la organización del sistema económico de la Confederación. Desde su primer gobierno (1829 – 1832) Juan Manuel de Rosas venía implementando una política tendiente a la defensa de las industrias nacionales frente a la competencia extranjera. Los productos ingleses y franceses – principalmente - inundaban los mercados locales desde que en 1810 se produjo la ruptura definitiva del sistema monopólico sostenido por España. Las industrias artesanales del interior no podían competir con las mercaderías importadas y desaparecían. Las guerras por la independencia absorbieron los recursos de lasprovincias, especialmente los de las del noroeste y Cuyo, que soportaron gran parte del esfuerzo de guerra. A la vez mercados tradicionales como el Alto Perú, el Perú y Chile se vieron cerrados a causa del conflicto.

Los gobernantes que rigieron los destinos de nuestra Patria desde 1810 poco hicieron para mejorar esta situación . Los impuestos cobrados por la aduana de Buenos Aires producían cuantiosos ingresos a la provincia pero a la vez - al permitir la entrada de las manufacturas extranjeras - arruinaban a los productores del interior. El librecambio convenía a Buenos Aires, lo mismo que a Entre Ríos y Corrientes cuyas producciones estaban claramente orientadas a la exportación. Sus industrias – la gran mayoría relacionadas con la elaboración de alimentos - no tenían en las mercaderías importadas competidores. Las demás provincias veían ahogadas sus industrias que sí producían mercancías que competían con las del exterior. En plena Revolución Industrial, ingleses y franceses fabricaban productos a un costo mucho menor que los de nuestros paisanos. Para poder sobrevivir el interior clamaba por el proteccionismo y fue justamente lo que Juan Manuel de Rosas le dio al llegar por segunda vez al gobierno en 1835.

Mediante la ley de Aduanas del 18 de diciembre de 1835 se establecieron impuestos para los productos extranjeros que representaran un peligro para las industrias locales, poniendo una barrera que permitió el desarrollo de las artesanías nacionales. En algunos casos su introducción quedaba directamente prohibida. El porcentaje del impuesto o la prohibición directa de su ingreso dependía del grado de competencia que tuviera con las industrias locales . Las mercaderías extranjeras que no representaban un peligro para las nacionales eran de entrada libre o pagaban una tasa muy reducida. M. Burgin afirmó: “La introducción de la lista de artículos prohibidos señalaba una profunda ruptura con la política tradicional del período postrrevolucionario (...). La medida revelaba que Rosas creía seriamente en la posibilidad de desarrollar la producción doméstica de artículos manufacturados para satisfacer las demandas internas. El programa era modesto pero precisamente por esta razón parecía practicable y realizable (...) con el tiempo suficiente, las industrias locales adquirirían la robustez necesaria para resistir la competencia extranjera, y la protección se volvería innecesaria (...). Rosas podía contar ahora con el apoyo unánime de las clases medias de Buenos Aires y ver aumentado enormemente su prestigio más allá de las fronteras provinciales. Se convirtió para las provincias en el más argentino de todos los gobernadores porteños, en realidad el único gobernante que había antepuesto los intereses económicos de la nación al de los comerciantes extranjeros (...)”

Como el litoral prefería un sistema de librecambio Rosas tomó medidas destinadas a aliviar su situación. Rebajó los impuestos a las mercaderías destinadas al litoral, en especial mediante la ley de Devolución de Derechos, promulgada juntamente con la de Aduanas. En 1822 – durante el gobierno de Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia - fue dictada la ley de transbordo, por la cual Buenos Aires decretó la obligación de pagar un impuesto del 22% a las mercaderías que eran transbordadas de un buque a otro. Esta era una practica muy común en el litoral ya que los ríos interiores no eran fáciles de navegar por buques de gran calado, haciendo necesario el transbordo. La medida claramente perjudicaba a las provincias del litoral, pues la mayoría de los productos que ingresaban o egresaban a ellas lo hacían desde el puerto de Buenos Aires mediante este sistema. La ley fue directamente eliminada el 22 de diciembre de 1833. Esto volvió a fomentar la práctica del transbordo, pero los buques de pequeño calado eludían con facilidad los controles favoreciendo el contrabando y haciendo que toda medida proteccionista perdiera efectividad. Para evitar tales males Rosas intentó hacer un equilibrio. Mantuvo la supresión de este derecho pero le hizo algunos agregados para evitar el contrabando. Mediante una ley complementaria a la de aduanas los comerciantes pagarían un impuesto del 20% por el transbordo que luego les era devuelto. Los inspectores les entregaban un boleto. Al presentarlo a la Colecturía les reintegraban lo cobrado. Era una forma de quitar el impuesto, pues se devolvía el dinero, pero evitando dar ventajas a los contrabandistas ya que las naves eran registradas al hacer el transbordo . Las leyes fueron complementadas por otras para combatir el comercio ilegal que también beneficiaron al litoral a la vez que al interior.

Es falso que Buenos Aires manejara a su antojo el puerto y la entrada de mercaderías para controlar a las provincias . Por el contrario, constantemente los ganaderos bonaerenses presionaron a Rosas para que cambiara el sistema y ejerciera una política de librecambio que convenía a sus intereses. Buenos Aires perdía dinero por la ley de Aduanas. Aún así Rosas entendió que el país no era solamente su provincia, comprendió la importancia de proteger las industrias locales y así lo hizo. La ley de Aduanas fue celebrada por el interior, pero el litoral la vio con recelo. A pesar de los beneficios dados siempre prefirió el librecambio.

El sistema económico no podría completarse sin el establecimiento de un principio básico del derecho internacional: la navegación de los ríos interiores por parte de cualquier otra nación debía hacerse bajo las leyes del Estado al que pertenecían los cursos fluviales. Sin esta medida - además de que la soberanía nacional era violada pues nuestros ríos interiores eran considerados aguas internacionales - el sistema económico perdía su consistencia pues no había forma efectiva de controlar la introducción de mercaderías.

En pleno auge del imperialismo esto fue inadmisible para las grandes naciones coloniales que habían sentado bases en el Río de la Plata: Francia y Gran Bretaña. No tolerarían que nadie bloqueara o pusiera restricciones a los mercados donde vendían sus productos o extraían materias primas. De allí que exigieran la libre navegación de los ríos interiores nacionales y que en las dos oportunidades en que Manuel Oribe - legítimo presidente de la Banda Oriental - estaba a punto de recuperar el control de su país intervinieran. El caudillo oriental nunca ocultó su deseo de establecer un sistema político y económico federal similar al de Rosas. Primero Francia (1838 – 1840) y luego esta nación junto con Gran Bretaña (1845 – 1849) agredieron a la Confederación (ver DeySeg Nº 31).

Desde su independencia Uruguay era una base de comercio para ellas. Si Oribe - partidario del proteccionismo - lograba dominar la Banda Oriental perderían sus privilegios comerciales y lo que sería peor, ambas márgenes del río Uruguay se les cerrarían. “Desembarazado el Plata de la intervención francesa, Montevideo y la restauración de Oribe en todo el Uruguay habría afianzado la armonía rioplatense para muchos años, con probabilidades de una reagrupación política, que a la vuelta de un siglo a nadie le parece un despropósito (...)” Por ello exigieron la apertura de los ríos interiores y el retiro de Oribe de la Banda Oriental. Esto – además de ser una violación a la soberanía nacional - implicaba lisa y llanamente eliminar las bases de la ley de Aduanas que tanto beneficiaba al interior. La decisión de defender la soberanía nacional y la habilidad política de Juan Manuel de Rosas respondieron a las insolencias y la Confederación salió invicta de los ataques de la extranjería.

Los bloqueos golpearon al litoral pues su economía resultó muy perjudicada por las interrupciones del comercio. Allí encontramos la principal causa de los constantes levantamientos en la región. En contrapartida a lo que ocurrió en el litoral, los años de bloqueo beneficiaron ampliamente a la economía del interior pues limitaron aún más la entrada de mercaderías importadas. Reitero: a los ganaderos de Buenos Aires les convenía el librecomercio y presionaron a Rosas, pero el gobernador sabía que la Confederación no era solo Buenos Aires y por ello desarrolló una política económica que defendía los intereses de la nación y no de un sector de ella. Salvo algunas excepciones - como la del gobernador entrerriano Pascual Echagüe que dictó una ley de aduanas similar a la de Buenos Aires de 1835 - , los gobernadores del litoral cuidaron sus intereses y Urquiza no fue la excepción. Poderoso saladerista al cual beneficiaba el librecambio ya que le permitía exportar sus productos directamente sin pasar por Buenos Aires, nunca coincidió con la política económica de Rosas. Ni le convenía la ley de Aduanas ni mucho menos que no hubiera libre navegación de los ríos interiores. “La razón económica del levantamiento de Entre Ríos contra Rosas era poderosa: el litoral se sentía ahogado por Buenos Aires. El sistema proteccionista no sólo limitaba el número de transacciones, sino que mantenía el monopolio de la aduana porteña; la situación se agravó con motivo de la intervención anglo – francesa y la terminante prohibición de comercializar con la plaza sitiada de Montevideo”

El proyecto de desarrollo de las economías regionales que tenía como piedra angular la ley de aduanas de 1835 hirió los intereses de Urquiza, de allí que en 1845 dispusiera: “El 24 de abril de 1849 la Legislatura de Entre Ríos, siendo gobernador Justo José de Urquiza, introduce modificaciones a la ley de aduanas de 1836 dictada por Pascual Echagüe, es de remarcar que se eliminaron las distintas escalas de impuestos a producciones extranjeras. Pero al mismo tiempo establece un impuesto altísimo para las producciones de otras provincias de la Confederación (...)” . Se desconoció la ley de aduanas y se establecieron altos impuestos para las mercaderías que llegaban de la Confederación. Urquiza hizo todo lo opuesto a lo hecho por Rosas.

Pero no se limitó a ello. Deliberadamente ha sido ocultada por los historiadores liberales la doble política de Urquiza durante el bloqueo anglo – francés. Por un lado combatió al frente de las fuerzas de la Confederación a las unidades unitarias en Corrientes y Entre Ríos, pero por otra parte lucró mediante el comercio con los agresores: “Urquiza tenía un interés vital en defender el tráfico costero con Montevideo, en apoyar la política de libre navegación y en resistir el monopolio del comercio porteño y de la aduana (...)”

Julio Irazusta aportó en su obra la correspondencia de Uquiza que prueba que: “Desde que los buques del convoy de 1845 descargaron y cargaron mercaderías en Entre Ríos, Urquiza y su socio Antonio Crespo encontraron una mina de oro para el comercio clandestino con Montevideo. La plaza era aprovisionada, más que por los puertos de Río Grande, por los saladeros entrerrianos de Urquiza. El tráfico irregular favorecía a los sitiados en Montevideo y perjudicaba a la Confederación (...)” “Urquiza reunía tanto poder como prosperidad. La guerra en Uruguay y el bloqueo de Buenos Aires habían estimulado la economía de Entre Ríos y todo lo que enriqueciera a Entre Ríos, enriquecía a Urquiza. Los estancieros llegaron a ser proveedores de la sitiada Montevideo, y el escuadrón anglo-francés protegía sus cargamentos de carne contra Rosas. Exitoso saladerista, exportador de carnes, propietario de barcos, importador de artículos europeos desde Montevideo hacia Entre Ríos y luego hacia Buenos Aires; donde obtenía el oro que luego exportaba vía Entre Ríos.”

Urquiza trabajaba en conjunto con el comerciante Samuel Lafone explotando los saladeros en ambas márgenes del río Uruguay. Este hecho fue tempranamente confirmado por terceros. El 16 de mayo de 1846 el Barón Deffaudis escribió a Guizot diciendo: “(...) Urquiza ha quedado con el grueso de las fuerzas en Gualeguay en el fondo de Entre Ríos. Este puso en libertad al general Madariaga. Las personas que esparcen esas noticias aseveran que el resultado proyectado y definitivo de esos acontecimientos sería, infaliblemente, una alianza defensiva y de neutralidad entre Corrientes, Entre Ríos y, probablemente, el Paraguay, acompañada de una declaración tocante a la libre navegación del Paraná y el Uruguay (...) Desde largo tiempo Urquiza manifestó aspiraciones de independencia integral o, por lo menos, de libertad provincial para Entre Ríos; ha estado casi siempre en relación confidencial con el gobierno de Montevideo”

Las proféticas palabras de Deffaudis anticipaban lo que ocurriría unos años después. Enterado Rosas del comercio ilegal prohibió la exportación de moneda en metálico con el fin de dificultar las actividades de Urquiza, aumentando así las diferencias:“(...) El 31 de agosto de 1847, ordenó que no podía salir de Buenos Aires moneda en metálico para las provincias; los comerciantes y productores debían aceptar el papel moneda, aunque ellos mismos pagaran por sus compras en Buenos Aires en moneda metálica (...). Estas medidas golpearon particularmente en nuevo comercio de Entre Ríos. Urquiza protestó en noviembre de 1848, julio de 1849 y, finalmente, el 22 de octubre de 1849. En los primeros meses de 1850 los rumores de su proyectada ruptura con Rosas eran tan persistentes que, el 20 de abril, indignado los rechazó (...)”

Las medidas tomadas por Urquiza después de Caseros demostrarán el lugar central que ocupó la cuestión económica en su pronunciamiento.

(CONTINUARÁ)

Fuente: Leonardo Castagnino director de La Gazeta Federal

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