En Gaza, los cristianos «más cerca que nunca del Salvador crucificado»

ACTUALIDAD Viernes 29 de Marzo de 2024

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Mientras los cristianos del mundo se preparan la Semana Santa, la comunidad cristiana de Gaza atraviesa su peor momento desde el comienzo de la guerra. "Esta es una Pascua muy especial; estamos más cerca que nunca del Salvador crucificado", dice la hermana Nabila, monja del Santo Rosario en Gaza

Fuente: Aleteia - Maria Lozano

Las líneas telefónicas están cortadas. Las conexiones en línea se interrumpen constantemente, y apenas podemos entender lo que la hermana Nabila intenta decir: «basta», «bien», «iglesia»… luego la línea se corta, y así han estado las cosas durante las últimas semanas. Solo llegan algunos mensajes escritos de vez en cuando: «Estamos bien». Pero cuando pedimos más detalles, nos damos cuenta de que «bien» significa «estamos vivos», porque la situación en Gaza es dramática.

«No tenemos suficiente, nos falta de todo», resume la monja del Santo Rosario, que lleva en Gaza desde el inicio de la ofensiva en octubre de 2023. Sin embargo, la esperanza y la gratitud están siempre entre líneas:

«Lo poco que tenemos se debe a la gracia de Dios. La gente de fuera está sufriendo aún más que nosotros, porque ellos no tienen este consuelo en este momento».

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La comunidad cristiana de Gaza atraviesa el peor momento desde el comienzo de la guerra. Otro socio del proyecto de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), cuya línea telefónica es estable pero que la fundación prefiere mantener en el anonimato por temor a represalias, afirma: «Nuestra gente sufre constantemente. Cada vez que las dos partes hablan de tregua, aumenta la intensidad de las operaciones militares».

Durante las dos últimas semanas, el barrio de Al Zeyton, donde se encuentra la parroquia de la Sagrada Familia, ha sido escenario de intensos enfrentamientos militares y bombardeos. Según la información de que dispone ACN, en el recinto parroquial viven actualmente 128 familias, un total de 512 cristianos, tanto católicos como ortodoxos, de los que 120 son menores de 18 años, 60 de ellos discapacitados, y 84 personas mayores de 65 años.

El gran reto del agua potable

Los suministros de alimentos son muy, muy limitados, y «el problema no tiene nada que ver con la disponibilidad de dinero», explica la misma fuente, «es simplemente que los alimentos escasean, y es difícil encontrar dónde comprarlos». La comunidad cristiana está aprovechando todas las oportunidades posibles para conseguir agua potable y alimentos», confirma.

La gente camina largas horas para ir a buscar una simple latita de comida».

Gracias sobre todo a la ayuda del DEA, el Patriarcado Latino puede proporcionar a cada persona dos comidas a la semana y una barra de pan cada dos días. Pero los demás días, la comunidad tiene que sobrevivir administrando sus reservas o intentando encontrar comida por otros medios. «La gente camina durante largas horas para ir a buscar una simple latita de comida, que al final no alcanza ni para tres personas. Con esta dieta forzada, compartir forma parte de la vida cotidiana y de su nueva identidad cristiana», explica.

El agua potable es uno de los mayores retos actuales. «Tenemos agua sucia para los retretes y las unidades sanitarias, y el agua para beber se purifica con métodos tradicionales». La situación sanitaria es otro problema grave. Debido a la escasez, muchas personas han perdido peso. «Los niños padecen un virus que provoca náuseas y diarrea, y cuatro de los ancianos tienen enfermedades graves que requerirían hospitalización inmediata, algo imposible en estos momentos».

Con la gracia de Dios, nuestros niños están ahora más cerca de su fe que nunca».

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Sin embargo, «lo que anima a la pequeña comunidad es su fe», explica el socio del proyecto. Además de la Misa diaria, las clases de catecismo y el rezo del rosario, la parroquia organiza actividades para niños y reuniones para curar traumas mediante la oración. El personal del Centro Católico Santo Tomás de Aquino, que se trasladó a los terrenos de la parroquia tras el bombardeo de su edificio, también participa en estas actividades.

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El sacerdote y las monjas, como la hermana Nabila, que cuidan de estas personas están haciendo un trabajo heroico. «Están agotados; nadie puede darse cuenta de lo que están pasando. Con la gracia de Dios, nuestros niños están ahora más cerca de su fe que nunca. Esta es una Pascua muy especial; estamos más cerca que nunca del Salvador crucificado», concluye.

Aunque la comunicación con la hermana Nabila es muy difícil, hay una petición que nunca deja de transmitir a todo el mundo: «Rezad por nosotros, rezad por toda la gente, rezad para que esta guerra termine».

Fuente: Aleteia - Maria Lozano

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