Difusión Martes 28 de Mayo de 2013

Trabajar por la Justicia y la Solidaridad

0_tedeum2013web.jpg Tedeum 2013

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Al presidir el tedeum por el 203° aniversario de la Revolución de Mayo, se coinció en el llamado a la unidad y a seguir trabajando por la justicia y la solidaridad en un país donde las desigualdades y la pobreza todavía son evidentes, pese a los esfuerzos realizados. En las homilías por el 25 de Mayo también exhortaron a un mayor diálogo y al respeto de la diversidad de opiniones, pidieron buscar consensos en pos del bien común de los argentinos, y destacaron la especial bendición para el país que implica la elección pontificia del cardenal Jorge Mario Bergoglio y la próxima beatificación del Cura Brochero.

Buenos Aires (AICA): Al presidir el tedeum por el 203° aniversario de la Revolución de Mayo, los obispos coincidieron en hacer un llamado a la unidad y a seguir trabajando por la justicia y la solidaridad en un país donde las desigualdades y la pobreza todavía son evidentes, pese a los esfuerzos realizados.

En las homilías por el 25 de Mayo también exhortaron a un mayor diálogo y al respeto de la diversidad de opiniones, pidieron buscar consensos en pos del bien común de los argentinos, y destacaron la especial bendición para el país que implica la elección pontificia del cardenal Jorge Mario Bergoglio y la próxima beatificación del Cura Brochero.

Mons. Mario Poli (Buenos Aires): “Al elevar con nuestras voces el Te Deum, rezamos por una comunión que va más allá de simples convenciones de ocasión; debemos apostar por una comunión que no le tenga miedo a la variedad de ideas, porque una convivencia razonable tiene la capacidad de construir la unidad deseada a partir de la saludable diversidad de personas, que lejos de confundirla, más bien la manifiesta. Es cierto que la democracia en la Argentina ha transitado una dolorosa experiencia de enfrentamientos, pero no faltaron también tiempos en que hubo acuerdos fundamentales, como lo fueron la Constitución Nacional y las provinciales, y otros tantos momentos felices y beneficiosos para nuestro pueblo. Si queremos, sabemos cómo encontrarnos; en nuestra historia hay virtuosos ejemplos de convivencia, tolerancia y diálogo fecundo: gracias a ellos se superaron desencuentros. Después de 200 años no perdemos la esperanza de hacer juntos el camino”. Texto completo

Mons. Agustín Radrizzani (Mercedes-Luján): “Sueño, y creo que todos los hombres de buena voluntad comparten este sueño, con una patria más equilibrada socialmente, donde quien tiene comparta y no solo acumule y quien no tiene pueda ser aliviado en su necesidad dignamente: pudiendo encontrar un trabajo que le dé bienestar para él y su familia; una educación que lo saque del aislamiento y lo haga capaz de abrirse horizontes justos y liberadores; un acceso a la salud que le permita desarrollarse en igualdad de condiciones; una inclusión social que lo haga protagonista y no solo receptor de ayudas. Es mucho lo que se viene haciendo, pero es mucho todavía lo que falta para crecer en justicia y hermandad”. Texto completo

Mons. José María Arancedo (Santa Fe de la Vera Cruz): “El individualismo es, precisamente, la enfermedad que atenta contra el Bien Común. No se trata de un “slogan” circunstancial, sino de una definición de auténtica filosofía política, llamada a formar a quienes asumen la responsabilidad de la cosa pública en el marco de una democracia republicana. Esto no es algo automático, sino que supone un acto de nuestra inteligencia iluminada por valores morales junto a la conciencia de pertenecer a una misma comunidad. El bien común tiene rostros y preguntas que debemos saber leer. En este mismo sentido la solidaridad es, también, un rasgo que determina el nivel de equidad alcanzado por la sociedad; ella es garantía de su desarrollo armónico. No se trata de un sentimiento individual o testimonial de una persona o institución, sino de un aspecto de la justicia distributiva, que es dar a cada uno lo que le corresponde”. Texto completo

Mons. Héctor Aguer (La Plata): “En el ámbito humano, a semejanza de la sabiduría divina, el ejercicio del poder se dignifica en el respeto a la libertad, armonizando la firmeza con la equidad. De otro modo no podría cumplirse un requisito principal del buen gobierno: la correcta conciliación de los bienes particulares de grupos e individuos, de tal manera que los intereses sectoriales diversos no perturben sino que concurran sinfónicamente a la realización del bien común. De acuerdo con la doctrina social de la Iglesia, el Estado democrático, en el cual las decisiones son tomadas por mayoría de los representantes de la voluntad popular, se debe interpretar el bien común del país no solamente según las orientaciones de la mayoría, sino con la mirada puesta en el bien efectivo de todos los miembros de la sociedad, incluyendo a aquellos que se encuentran en posición de minoría”. Texto completo

Mons. Alfonso Delgado (San Juan de Cuyo): “Nadie puede apropiarse de la patria. Es de todos. Nadie puede “ir por todo”, porque el país es de todos los argentinos y todos sus recursos materiales y espirituales pertenecen a ese pueblo y al bien de ese pueblo se deben. Dios quiera que San Juan sea un lugar donde resulta grato vivir, trabajar y pensar en libertad. Es lo que deseamos también para todo el país, sin censuras, ni escraches ni represalias de cualquier tipo por pensar distinto, actitudes propias de quienes tienen terror a todo lo que huele a libertad. Qué bueno es pedirle a Dios que inspire en nuestro corazón y en nuestras mentes la alegría del buen samaritano, la esperanza del que convierte su trabajo en servicio sin servirse de los demás; la satisfacción del ciudadano que cada día pone un ladrillo para construir su país. Pidamos al Señor la bendición para los hombres y mujeres de nuestra Patria que con la sabiduría del diálogo construyen entendimientos y encuentran soluciones de paz, aunque piensen de modo diverso. Que Dios bendiga a quienes tienen el coraje de construir una nación que en su ADN tiene la pasión por la verdad y el compromiso por el bien de todos, sin ningún tipo de exclusiones”. Texto completo

Mons. Juan Alberto Puiggari (Paraná): “Todos somos constructores y responsables de su futuro. No esperemos a ver qué hacen los otros, no miremos con indiferencia lo que no me toca, despertemos de la inmadurez de pretender un estado paternalista. La Argentina es una obra de todos, que se hace con el deber de cada día, hecho con esfuerzo, con honestidad pensando más en los otros que en el propio interés. Actitud que supone heroísmo para no cansarse, para no claudicar, para comenzar cada mañana, en nuestro lugar, para creer y esperar que, con la gracia de Dios, otra Argentina sea posible legar a nuestros hijos. Queremos ser constructores de un mundo más solidario, más justo, más fraterno. Hoy nos toca soñar con un Bicentenario sin pobreza, con desarrollo integral de todos, con familias sanas que sean verdaderas comunidades de amor al servicio de la vida. Para poder realizar esta noble tarea, todos debemos superar los individualismos, los intereses egoístas y trabajar decididamente por el bien común. Todos tenemos que sentirnos patriotas, como nuestros próceres de mayo. Demos gracias a Dios y pidamos su protección, sólo con su gracia, podrá ser posible una Argentina mejor”. Texto completo

Mons. Andrés Stanovnik (Corrientes): “La verdadera gloria que hace vivir y progresar, es la que resulta de hombres capaces de dialogar con recta intención y buena voluntad para buscar consensos, con el único fin de servir al bien de nuestro pueblo. La democracia no se construye agudizando conflictos, sino concretando ideales de una verdadera amistad social. Se hace cada vez más necesario generar contextos de encuentro y de diálogo que nos ayuden a salir de los desencuentros y polarizaciones, y nos permitan reconocernos hermanos y tratarnos bien unos a otros. En esto consiste vivir coronado de gloria, sobre todo para los que tenemos responsabilidades públicas, y luego para todos aquellos que las ejercen en la familia y en los diversos ámbitos de la sociedad. En la mitad de la fase conmemorativa del Bicentenario y en el espíritu del Te Deum, recordamos que nuestra patria es un don de Dios, que nos sentimos profundamente agradecidos por las personas que a lo largo de la historia forjaron el país y por la presencia de la Iglesia desde los momentos fundacionales hasta nuestros días". Texto completo

Mons. Carlos María Franzini (Mendoza): "La Patria necesita hombres y mujeres austeros, íntegros y coherentes; preocupados por el bien común, antes que por el bien particular; que piensen en las próximas generaciones y no sólo en las próximas elecciones; cuyo sueño sea una Patria grande, con la grandeza que da la vida digna para todos, donde nadie queda excluido del banquete de la vida; donde la verdadera libertad se manifieste en el respeto irrestricto de la ley y las instituciones de la República; donde el verdaderamente grande sea el que sirve y se hace pequeño. Acá en Mendoza no tenemos que buscar muy lejos esta clase de líderes. El General San Martín sigue enseñándonos con su vida austera y coherente hasta el último día; con su idoneidad profesional puesta al servicio de la Patria; con su disposición a la renuncia –y aún al exilio- para evitar enfrentamientos fratricidas; con su inclaudicable voluntad de servir y trabajar por el bien común de la propia Patria y de pueblos hermanos, a pesar de todos los obstáculos". Texto completo

Mons. Alfredo Zecca (Tucumán): "Hoy también se nos presenta la necesidad de revitalizar los fundamentos de nuestra unión nacional. Luego de haber atravesado períodos de crisis y desconcierto, los argentinos necesitamos replantearnos la razón de estar juntos y responder vitalmente a ese requerimiento: ¿para qué estamos juntos? ¿Se trata sólo de un “sobrevivir” juntos, yuxtapuestos, o hay algo más en esta unidad? ¿Confiamos unos en otros, o más bien la desconfianza mina nuestras relaciones? Y, al revés, ¿somos merecedores de la confianza de los demás, o hemos hecho cuanto hemos podido por perderla? Hoy en medio de sospechas mutuas y de abusos de confianza de hombres públicos y no públicos, se nos plantea el desafío de establecer el fundamento de la confianza sobre bases sólidas de verdad y amistad social. Y el restablecimiento de esa confianza probablemente requiera ajustes, cambios, compromisos renovados, actores nuevos. El Preámbulo nos habla también de la justicia, que es una de las principales virtudes humanas: dar a cada uno lo suyo, su derecho, respetar la ley, reparar los desequilibrios alterados por la injusticia, desterrar privilegios injustos, separar el derecho de la mera pretensión. En este contexto del Bicentenario, una reflexión a fondo sobre esta virtud presenta una enorme y actual utilidad, y no es privativa de los gobernantes, sino de todo pueblo argentino. Todos los ciudadanos – sin excepción – debiéramos interrogarnos acerca de la justicia de nuestras obras y de la injusticia que, por acción u omisión, ocurren en la sociedad y que ponen en peligro la paz y la amistad social que son los logros supremos de toda sociedad democrática y pluralista, respetuosa de las libertades y de los derechos de todos sus miembros". Texto completo

Mons. José Luis Mollaghan (Rosario): "Sabemos que la construcción de un orden social justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es una tarea fundamental de quienes guían los pueblos, haciendo que las necesidades y las exigencias humanas sean posibles y realizables. Pero también nuestra fe cristiana nos impulsa a buscar la equidad y la justicia; y lo hace tanto a través de hombres y mujeres que trabajan en los diversos ámbitos de la sociedad, promoviendo esta mirada inclusiva; como también a través de quienes enseñan y trasmiten la doctrina social de la Iglesia. Por eso el Estado, frecuentemente reconoce y apoya, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La fe está allí, y frecuentemente trabaja para suscitar fuerzas vivas de amor, donde late la caridad que suscita el Espíritu. Este amor no quiere brindar solamente ayuda material, sino también afecto y reconocimiento, sosiego y cuidado del espíritu; una ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. De allí que, incluso en la sociedad más justa, el amor siempre será necesario; siempre será necesaria la solidaridad. Necesitamos una mirada de amor porque es mirada de amistad. Es también una mirada comunitaria. Que lleva a acompañar, a sumar, a ser uno más al lado de los otros ciudadanos. Esta mirada es la base de la amistad social, del respeto por el otro, del trabajo del voluntariado; ya que ”no se puede ayudar al que está excluido si no se crean comunidades inclusivas". Texto completo.+

Fuente: AICA

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