La IDEOLOGÍA DE GÉNERO
Relación paterno filial
Como señala Anatrella, la revolución del 68, fue en realidad una “revuelta contra el padre y contra todo lo que él representaba”. Desde entonces y hasta ahora la sociedad ha desprovisto de valor la función del padre, no les tiene en cuenta, su autoridad ha sido ridiculizada, las mujeres prescinden de ellos de forma manifiesta, lo que provoca que los hijos les pierdan absolutamente el respeto. En estas circunstancias, cuando el padre no es significativo para la madre, el niño lo percibe y él mismo se coloca en su lugar convirtiendo la función paterna en inexistente
Por Prof. María Calvo Charro
La actual devaluación de la función paterna, provocada por el convencimiento social generalizado de que el padre y la madre son intercambiables, de que no hay diferencias biológicas entre los sexos y de que las mujeres pueden sacar adelante a sus hijos en soledad, ha provocado en los últimos años que muchos niños crezcan en ausencia absoluta de un modelo paterno, con los efectos negativos que tal omisión tiene sobre su equilibrado desarrollo personal y académico.
Varios estudios demuestran que la ausencia del padre, física o simplemente psíquica, puede tener efectos devastadores sobre los niños, incluyendo problemas de salud serios, ya que su sistema inmunológico se ve afectado por el estrés que genera tal situación de desamparo, y ello a pesar de los esfuerzos de las madres en estos casos para compensar las carencias afectivo-educativas desde el ángulo paterno.
Huérfanos de padres vivos: La ausencia física del padre y sus devastadores efectos
En su obra “Sola por elección. Madre por elección. Cómo las mujeres están eligiendo la maternidad fuera del matrimonio y creando una nueva familia americana”, la profesora de estudios de la mujer del Wellesley College, Rosanna Hertz, afirma con rotundidad que los padres simplemente no son necesarios. El núcleo familiar es el constituido por la madre y el hijo. Los hombres en el mundo actual están obsoletos.
En la misma línea, Peggy Drexler, profesora de la Universidad de Cornell, en su libro: “Educando a los niños sin hombres”, mantiene la bondad de criar a los hijos sin la presencia de un padre, por madres solteras o parejas de lesbianas.
La presencia y papel del padre, incluso en la procreación y maternidad, se considera perfectamente prescindible. Hay madres solteras que instrumentalizan a los padres biológicos, a los que no permiten participar luego en su vida y que no tienen ningún derecho sobre el niño. Estas mujeres, puesto que ellas han decidido solas el momento de su fecundidad, ocultándolo al padre, consideran al niño como un bien propio y exclusivo. Por otra parte, la ingeniería genética amenaza con su total sustitución, las técnicas de laboratorio han logrado que el origen y dependencia de un padre se esfumen definitivamente.
En este ambiente, madres solteras, abandonadas, separadas o divorciadas intentan criar solas a sus hijos con la creencia infundada de que ellas se bastan y sobran. Idea que es absolutamente errónea, puesto que la función materna y la función paterna no son iguales ni intercambiables. Es indiscutible que el desarrollo emocional de los niños está en directa relación con la cariñosa, educativa, disciplinante e imprescindible interacción constante de ambos progenitores.
En Estados Unidos, según estadísticas recientes, uno de cada tres niños crece sin padre actualmente (dos de cada tres, si nos referimos a niños pertenecientes a minorías). Esta constituye la tendencia demográfica más perjudicial de esta generación: hay 24,7 millones de niños norteamericanos en esta situación (36,3%) un número mayor que el de americanos afectados por cáncer, Alzheimer y SIDA juntos.
El Dr. Wade Horn, fundador de la National Fatherhood Initiative (NFI) afirma que hoy en día 25 millones de niños norteamericanos tienen más posibilidades de ver un padre en la televisión que en su propio hogar. Aproximadamente un 40% de niños norteamericanos nacen actualmente fuera del matrimonio, lo que normalmente significa muy poca o ninguna relación con el padre biológico.
Según Blankenhorn, en este siglo la sociedad se dividirá prácticamente al 50% en dos grupos diferenciados, no por razón de raza, clase o religión, sino por el patrimonio vital que diferenciará a aquellos que crecieron con padre de aquellos que carecieron del mismo. Cuando en una sociedad el fenómeno de la ausencia paterna adquiere carácter masivo, deben esperarse consecuencias no sólo en el devenir psicológico del individuo, sino también a nivel social.
Problemas de los niños y jóvenes sin padre
El efecto de la ausencia de padre en la salud y bienestar de los niños es muy negativo. Diversos estudios muestran cómo la carencia de padre está en la base de la mayoría de los problemas sociales actuales más urgentes, desde la pobreza y la delincuencia, hasta el embarazo de adolescentes, abuso infantil y violencia doméstica. Hace treinta años se pensaba que los motivos principales de las conductas conflictivas de los chicos se encontraban en la pobreza o discriminación. Hoy se sabe, como señala el Dr. Dobson, que sin la guía y dirección de un padre, la frustración de los muchachos les conduce a variadas formas de violencia y comportamiento asocial.
El sociólogo, Duncan Timms (University of Stockholm, 1991) realizó un seguimiento de todos los niños nacidos en Suecia en 1953 durante 18 años. Se le hizo un psicodiagnóstico a cada uno de estos 15.000 niños a intervalos regulares. Los que presentaron un grado mayor de disfunción psicológica fueron varones nacidos de madre soltera y que crecieron sin padre. Son convergentes con estas conclusiones los resultados de un seguimiento de más de 17.000 menores de 17 años que realizó en Estados Unidos el National Center for Health Statistics (1988 National Health Interview Survey of Child Health): el riesgo de disfunción psicológica (problemas emocionales y/o de conducta) es significativamente más alto para niños que han crecido sin padre (entre 2 y 3 veces más alto) (Dawson, 1991).
Ronald y Jacqueline Angel, investigadores de la Universidad de Texas, publicaron un trabajo en 1993 en el que evalúan los resultados de todos los estudios cuantitativos que analizaron los efectos de la ausencia paterna: "El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño".
Diversas estadísticas demuestran que los adolescentes sin padre: se embarcan antes y en mayor medida en experiencias sexuales; tienen mayor riesgo de abusar de drogas como el alcohol y la marihuana; tienen más posibilidades de sufrir enfermedades mentales y suicidarse; sufren más proporción de abandono escolar y criminalidad (estos efectos se agudizan cuando se trata de niños que experimentaron el divorcio de sus padres siendo menores de cinco años); la mayoría de los niños con carencias afectivas por parte de su padre sufren problemas de identidad sexual y emocionales, como ansiedad y depresión; son menos solidarios y empáticos y tienen significativamente menos capacidad intelectual. Son más agresivos, tienen menos autocontrol y escaso sentido de culpabilidad.
En general necesitan más ayuda psiquiátrica. El 80% de los adolescentes en hospitales psiquiátricos provienen de familias rotas. En 1988, un estudio realizado sobre niños de preescolar en tratamiento psiquiátrico en los hospitales de Nueva Orleans descubrió que cerca del 80% provenían de hogares sin padre.
En EEUU, el 29.7% de los niños sin padre y el 21.5% de los hijos de padres divorciados que viven solo con su madre han repetido al menos una vez curso, en comparación con el 11,6 % de los que viven con su padre y su madre biológicos. También acceden menos a la Universidad. Un estudio realizado sobre 156 víctimas de abusos sexuales mostró que la mayoría pertenecían a familias sin padre.
El 43% de los muchachos en prisión crecieron en hogares monoparentales. El 72% de los chicos que han cometido algún asesinato y el 60% de los que cometieron violación crecieron sin padre. El porcentaje aumenta cuando se refiere a niños y jóvenes de color.
Según el Dr. Muñoz Farias, los niños que crecen sin una figura paterna, generalmente evidencian trastornos en la adolescencia porque no encuentran una identidad: “Los jóvenes sufren de inseguridad, soledad y depresión, que pueden plasmarse en el fracaso escolar, consumo de drogas y vagancia. En definitiva, no tienen la capacidad para controlar sus impulsos y no pueden autorregularse”.
Estos niños, luego en la edad adulta tendrán dificultad para ejercer debidamente la paternidad por falta de ejemplos masculinos. Según el sociólogo Peter Karl, los niños que pasan más del 80% del tiempo con mujeres, luego en la madurez no saben cómo actuar como hombres. Estos jóvenes crecen como padres deformados porque a ellos mismos se les privó de un comportamiento paterno ejemplar. Y es absolutamente erróneo pensar que la función materna puede llenar ese vacío.
Para seguir leyendo, ver http://www.temesdavui.org/es/revista/41/temas_de_portada/la_ideologia_de_genero_y_sus_consecuencias_sobre_la_relacion_paternofilial
Nuestra Opinión
Las estadísticas negativas de esta nota, realmente resultan alarmantes, pero desnudan la perversidad de la 'ideología de género' o de la 'madre propietaria'.
Resulta importante conocer el diagnóstico, maravillosamente presentado por la profesora Calvo Charro; pero también -a partir de allí- tomar conciencia que la única llave para revertir esta tremenda realidad que ataca a millones de familias en el mundo, es la protección de los niños y adolescentes, apartándolos de las disputas de sus padres; y exigiendo a los jueces de familia -en nuestro país- la aplicación de la Ley 26.061; y en el mundo, la Declaración sobre los Derechos (Humanos) del Niño.