Difusión Jueves 4 de Julio de 2013

EL VERDADERO OLOR A OVEJA

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Ayer 03 Julio de 2013 estuve en Dean Funes, provincia de Córdoba, dando dos charlas organizadas por la Fundación Corazón de Rosa (www.fundacioncorazonderosa.org) en el Centro Cultural municipal. El tema fue "El Otro como estructurante de la Educación".

Pero lo importante no fueron las charlas.

Para mí, lo importante es la figura del fundador y mentor del organizador: Padre Raul Martinez.

Lleva a cabo una encomiable acción social. Creó una Cooperativa en donde reciclan basura. Comenzó con una piecita en el fondo de la Casa Episcopal. El Obispo le dijo "hay todas cosas para tirar... limpiá y hacete el lugar". Pero se dio cuenta que no todo era para tirar. Vendió lo que a él le parecía que tenía algún valor y recolectó $ 80 (pesos ochenta). Fue y se lo dio al Obispo.  Y siguió la historia buscando lo que los otros tiraban, vendiéndolo y así pudo ponerle el baño a una familia.

Hoy, ya constituído el esfuerzo en Cooperativa, hay cinco familias que trabajan y viven de esa actividad. La piecita ya es historia y ahora alquila un galpón. Y tiene en vista un terreno para poder instalar una planta recicladora con miras de crear una actividad para dar trabajo digno a gente del lugar.

Con la Fundación extiende la acción social a todos los campos que puede. De hecho, mi charla estaba orientada a la Educación. Trabaja junto a otras personas para ayudar a la gente. Se vinculó con el Dr. Albino para ser sede de su fundación en la zona. Cuando digo "se vinculó" quiero decir que fue a buscarlo. No espera. Va y busca. A mí me vino a buscar a mi lugar para invitarme a dar las charlas. Y así con otras Instituciones o personas cuya misión es ayudar al otro. No habla, hace. Incansable.

No tiene ninguna ayuda de nadie; ni del Municipio, ni del Obispado, ni de los otros curas. Cuando digo que no tiene ayuda me refiero, entre otras cosas, a que el nuevo Obispo que asume en Octubre, le dijo que quiere estar solo en la Casa Episcopal (él vive allí). La casona es grande, muy grande, que se suma a otra casona (también grande, muy grande) que está al frente en donde funciona otras actividades del obispado. Quiero decir que sobra lugar.

Almorzamos en el Obispado. Unos canelones caseros exquisitos. Muy amable el Obispo de recibirnos en su casa y que agradecemos particularmente. Cuando volvíamos por la noche, me di cuenta que mientras el Obispo nos decía que había estudiado griego en Europa, el Padre Raúl nos ilustraba sobre la diferencia de precio de venta del vidrio entre Córdoba ($ 0.15) y San Juan ($ 0.40) y que estaba luchando para poder terminar de arreglar la caja de un "frontalito" para poder tener un flete para llevar la basura clasificada para vender.

Sólo hay que caminar con él la calle y uno se da cuenta el cariño con el que la gente lo saluda. Nos invitó a tomar un café y la gente no le permitió pagarlo, le pedían que fuera a dar misa, que bendijera unas imágenes de la Virgen, los chicos y jóvenes lo saludan y besan, el comisario -que nos encontró en la calle- nos felicitó por el guía, y así todo el día.

Este cura tiene "olor a oveja".

Claro, no me extrañó para nada que fuese el mismo cura, que cuando tenía unos 30 años, fue el que tocó las campanas avisando el desastre de San Carlos Minas, salvó a mucha gente de morir, buscó los cadáveres, construyó 18 casas con la gente y, por supuesto, se enfrentó al poder político de turno, en ese entonces en la cabeza del Gobernador Angeloz.

Si el Papa Francisco anhela una Iglesia pobre para los pobres, podría decirle que hay curas que siguen esa máxima, que lo hacen felices, que llevan su ministerio a lugares donde otros no llegan, que le ponen el pecho a la adversidad y la falta de ayuda, que sus crisis son alimento para sus propios corazones, que saben y están convencidos que ellos tienen que estar allí, donde está la necesidad y el sufrimiento, alejado de otros problemas más mundanos en donde no debería haberlos.

La gente valiosa perdura en el tiempo. Su obra también. Para mi y la Ceci (que como siempre estuvo a mi lado), fue un aprendizaje de vida.

En mis charlas digo que la causa principal de la crisis de la educación es que "nos hemos olvidado del otro ... si sólo pensáramos en el otro". Yo lo digo, él lo hace.

Gracias Padre Raúl Martínez por su testimonio.

¡Qué placentero es el olor a oveja!

Autor: Cristian Sosa Barreneche

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