La corrupción es el terreno fértil para las mafias

Sociedad Viernes 5 de Enero de 2018

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En un discurso dirigido a los miembros de la Comisión Parlamentaria Antimafia del Parlamento italiano, el Papa Francisco señaló que el problema de las mafias tiene sus raíces en la corrupción, y se mostró especialmente preocupado por la corrupción política, basada “en intereses partidistas y en los acuerdos de unos pocos”.

En su discurso, el Santo Padre dijo que ante esta realidad, lo que algunos hacen es “banalizar el mal, confundir la verdad con la mentira y aprovecharse del papel de responsabilidad pública que se ejerce”.

Por el contrario, “la política auténtica, aquella que reconocemos como una forma notable de caridad, trabaja para asegurar un futuro de esperanza y promover la dignidad de cada uno. Precisamente por esto la lucha contra la mafia es una de sus prioridades, ya que la mafia sustrae el bien común, arrebatando la esperanza y la dignidad de las personas.

“Ante ese reto, se vuelve decisivo oponerse de cualquier forma al grave problema de la corrupción que, en el desprecio de los intereses generales, representa el terreno fértil en el cual las mafias echan raíces y se desarrollan.

“La corrupción encuentra siempre el modo de justificarse a sí misma, presentándose como la condición ‘normal’, la solución del que es astuto, la vía más fácil para conseguir sus objetivos”.

La corrupción “tiene una naturaleza contagiosa y parasitaria, porque no se nutre de lo que produce, sino de lo que sustrae y rapiña. Es una raíz venenosa que altera la sana competencia y aleja las inversiones”.

“En el fondo, la corrupción es un hábito construido sobre la idolatría del dinero y la mercantilización de la dignidad humana, por lo cual debe ser combatida con la medida en que se combate la mafia”.

El Pontífice también pidió que la lucha contra las mafias no se limite a la represión, sino que debe haber también un plan de reconstrucción moral de la sociedad: “Luchar contra las mafias significa también bonificar, transformar, construir”.

En este sentido, señaló dos niveles de trabajo: El primero es el nivel político, que debe desarrollarse por medio de una mayor justicia social, porque las mafias encuentran el terreno abonado para presentarse como sistema alternativo donde faltan derechos y oportunidades”.

El segundo nivel es el económico, que debe aplicarse por medio de la corrección o cancelación de los mecanismos que generan toda desigualdad y pobreza”, explicó.

“Hoy no podemos hablar más de la lucha contra las mafias sin pensar en el enorme problema que suponen unas finanzas soberanas sobre las reglas democráticas, por medio de las cuales las realidades criminales invierten y se multiplican, obteniendo rentables beneficios de sus labores de tráfico de drogas, armas, trata de personas, eliminación de residuos tóxicos, juegos de azar, etc.”.

Además de este doble nivel de acción, el Santo Padre habló de un tercero “no menos esencial: la construcción de una nueva conciencia civil”, la cual es la única “que puede llevar a una verdadera liberación de las mafias”.

Francisco destacó que “es necesario educar de verdad y educarse en la constante vigilancia sobre sí mismo y sobre el contexto en el que se vive, adquiriendo una percepción más puntual de los fenómenos de corrupción y trabajando para construir un nuevo modo de ser ciudadanos que comprenda el cuidado y la responsabilidad hacia los oros y por el bien común”.

También felicitó a las administraciones italianas por los avances en su lucha contra las mafias: “Italia debe estar orgullosa de haber puesto en marcha contra la mafia una legislación que implica al estado y a los ciudadanos, a las administraciones y a las asociaciones, al mundo laico y al católico y religioso”.

“Los bienes confiscados a las mafias y reconvertidos al uso social representan una auténtica lección de vida”, subrayó.

El Papa pidió medidas para proteger a los que deciden enfrentarse a las mafias testificando contra ellas, o a los que quieren salir de su entorno.

“No se puede olvidar que la lucha contra las mafias pasa por la tutela y la valorización de los testimonios ante la justicia de personas que se exponen a graves riesgos eligiendo denunciar la violencia de la que han sido testigos”.

Además, “se debe encontrar un modo que permita a una persona limpia, pero que pertenece a una familia o a un contexto de mafia, salir sin sufrir venganzas o extorsiones. Son muchas las mujeres, sobre todo madres, que tratan de hacerlo, en el rechazo de la lógica criminal y en el deseo de garantizar a los hijos un futuro diferente”.

Por último, el Papa recordó a todas las personas que en Italia han pagado con su vida la lucha contra las mafias. En concreto, recordó a tres magistrados: el siervo de Dios Rosario Livatino, asesinado el 21 de septiembre de 1990; Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, asesinados hace 25 años junto a sus escoltas.

Fuente: ACIPRENSA

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