Del fin del Estado-nación al colapso civilizatorio y el surgimiento de órdenes paralelos.

Sociedad Sábado 16 de Diciembre de 2017

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Hispanoamérica

La teoría política moderna adolece de una falta terrible, ya sea por estupidez o malas intenciones, de comprensión de las realidades últimas de nuestro momento histórico. Así, sigue contemplando la idea (literalmente como si estuviera puesta sobre un altar) del Estado-nación, del sistema internacional de Estados-nación surgido a partir de la Paz de Westfalia (1648) y de todas sus consecuencias para las relaciones internacionales y políticas intra-estatales como una verdad irrefutable.

Los mismos hechos de las relaciones “internacionales” se ha encargado de demostrar cómo nuevos elementos, nuevos actores extra-estatales, que ahora juegan un rol protagónico, rector en muchos casos, entre, a través y por sobre los Estados, contribuyen a una dinámica distinta de la clásica relación inter-estatal. Llámese a estos multinacionales, narcotráfico, grupos terroristas, sectas, ideologías, etc. Es decir, ahora y desde hace mucho, al momento de tomar decisiones por parte de los Estados, es imprescindible contar con todos estos factores.

América “latina” se ha caracterizado por una tradición de ausencia de Estado o bien de Estados débiles, ineficientes, sin presencia real ni soberanía efectiva en buena parte de sus territorios que en muchos casos no han pasado de ser puntos en un mapa. La palabra adecuada para señalar a estos nos es dada por la teoría de las Relaciones Internacionales: Estado fallido.

América “latina” es un cúmulo de estados fallidos. A pesar de intentos de fortalecerlo como actualmente sucede con procesos como el denominado “socialismo del siglo XXI” en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia, la realidad demuestra que estos intentos no son más que eso: intentos. Debido a la constitución biológica-histórica-cultural de las poblaciones de dicho países, estos no son más que instantes de reorganización estadual de acuerdo a las necesidades de los grupos de poder político de la hora.

Basta realizar un viaje por el interior de los mencionados países para darse cuenta de aquello, ni hablar de casos extremos como el de Argentina donde existe un plan expreso, hasta el momento llevado a cabo a la perfección, para desmantelar al Estado, el único que podía haber llevado adelante una re-unión de los demás estados hispano-americanos, siendo un desafío intolerable para la sinarquía internacional. Utilizando palabras corrientes, al alejarse de las capitales o principales centros urbanos, el Estado va desapareciendo y la ley del más fuerte se impone por sobre la autoridad legal de un Estado ausente, inexistente inclusive.

En el contexto global, precisamente en el de la globalización, donde la homogeneización cultural ha llegado a niveles globales, valga la redundancia, donde un joven de Sídney, de Bangkok, Shanghái, Teherán, Estambul, de Praga, Dublín, de Ciudad del Cabo, de Filadelfia, México D.F., Tegucigalpa, Caracas, Bogotá, Quito, Río de Janeiro y Buenos Aires, viven siguiendo las mismas tendencias, las mismas modas (Evola ya advertía de la estupidez inteligente, de los seguidores de moda cual mujeres, de cómo deberíamos hacer caso omiso de los pontífices de la crítica), las mismas pautas y los mismos patrones sin importar sus orígenes, nacionalidades o condiciones socio-económicas; es decir donde cada uno de ellos aspira a ser lo que el modelo de la subversión mundial le ha presentado: un buen burgués “occidentalizado” cuyo único fin es la vida en sí misma, cuya única motivación es el “vivir bien”, adquirir el confort y los míseros bienes materiales que le proporcionan esto; en un contexto así, sin un componente identitario, mucho menos espiritual, que sustente a las futuras generaciones, nos vamos aproximando a la realidad de una unidad en la uniformidad, que no en la universalidad.

Ante esto, seguir sosteniendo ideas políticas inter-estatales como la de una “derecha” o una “izquierda”, o la de buscar industrializar un país o de volverlo “potencia” para enfrentar a otras potencias,  se reducen al ridículo, al absurdo. El problema es muy otro que el de los medios de producción, que el de la redistribución de la riqueza, que el del “buen-vivir” (bienestar).

Hoy nos encaminamos al fin del Estado-nación, apenas años o hasta unas pocas décadas nos separan de su destrucción final.

La civilización-sistema-mundo de la modernidad igualmente y gracias en parte a esto se está dirigiendo a un colapso global, debido también a causas de intencionalidad por parte de los dueños del mundo, de los “poderes fácticos”, de la sinarquía internacional, que ven como una necesidad la implantación de un mega-Estado supraestatal –valga el oxímoron- que consolide un gobierno mundial único: una “república universal”, donde sea más practicable la explotación económica de los globalizados por parte de los globalizadores a fin de que estos puedan alcanzar su anhelado “estándar de vida” –accesible para muy pocos- y aquellos, los dueños del mundo, puedan (des)gobernar a su antojo y arbitrio por sobre todos para conseguir sus protervos fines.

¿Salvar al Estado-nación?

No. Es imposible salvar o peor restaurar lo que nunca existió en nuestro caso. El Estado-nación no fue más que una quimera en nuestro realidad “latino” americano, sobre todo porque no existían naciones para conformar dichos Estados, de hecho la única nación histórica hispano-americana que podía haber consolidado un Estado real, fue negada sistemáticamente por los supuestos Estados-nación del continente en medio de una fragmentación demencial. Por ejemplo: ¿Existen las naciones ecuatoriana, peruana, boliviana?  No más allá de los textos y las mentalidades de algunos historiadores calenturientos.

Sin identidad, no puede existir nación, y sin nación no puede haber Estado-nación.

El Estado-nación en América no fue más que una herramienta de explotación de la oligarquía, una oligarquía débil y sin objetivos claros, utilizada y prostituida por las fuerzas ocultas de la subversión mundial al servicio de la sinarquía, que nació con la mal llamada “independencia” hace casi dos siglos.

¿Qué nos espera? Las lecciones de la historia.

Las ciudades, centros de los Estados y únicas realidades de estos en la mayoría de casos, cada vez más se encuentran sobrepobladas y tugurizadas, convertidas en prisiones y cuartos de tortura de sus “ciudadanos”. Las ciudades son una trampa, puesto que cuando se suceda el colapso, son los citadinos los peores calificados para sobrevivir al duro y rudo futuro rural que nos espera.

Roma, la ciudad, en su época de esplendor alcanzó los 2.000.000 (dos millones) de habitantes, para el final del imperio en el punto más bajo de la decadencia, su población se había reducido a 50.000 (cincuenta mil) almas. Incapaz de sustentar a todos, las enfermedades, el hambre y la muerte llevaron al exterminio a cientos de miles y  a la migración forzada al campo de decenas de miles más.

Al colapso civilizatorio romano le siguieron el caos y la creación de órdenes micro-estaduales paralelos. Así nació el feudalismo finalmente.

De hecho las naciones europeas surgieron de este colapso a lo largo de los siglos, pasando de una actividad importante de lo público a una creadora y fundamentadora de lo privado. Alemania, el Estado moderno, por ejemplo, surgió de una orden-militar religiosa: la Orden Teutónica, el mismo nombre en alemán de esta nación es gracias a esta Orden.

No se restauró ni se perpetuó nada, se crearon nuevas instituciones, quizá con una misma idea y fondo, pero con formas distintas. Así vimos a un Sacro Imperio reclamar su romanidad, o a un Reino de Castilla reclamar su visigotidad, no en un afán de re-creación del pasado o sus formas, sino como un elemento sustentador del nuevo Estado: la identidad común de quienes contiene.

¿Qué hacer?

Un totalitarismo atroz basado en un gobierno mundial, desde hacia siglos, está siendo instaurado a nivel mundial por las fuerzas ocultas al servicio de la sinarquía, ahora mismo estamos viviendo las fases finales de este ambicioso proyecto, admirable inclusive por su realización. Política (entre estados), estados-nación, derecho, política interna (izquierda-derecha, inclusive tercera posición en algunos casos), educación formal, ciencia, cultura (tendencias, modas, música, etc.), todas están encaminadas a obtener este fin nefasto.

No sorprende así que gobiernos en las supuestas antípodas ideológicas (Ecuador – España) aprueben leyes  y creen instituciones similares para oprimir a sus “ciudadanos”, mediante la imposición de verdades unilaterales y de un escrutinio y control total de la persona por medio del monitoreo y el espionaje llevado hasta lo más mínimo de cada aspecto de la vida.

Ahora, si bien en la idea un gobierno mundial es viable, en la práctica no lo es tanto. Cuando se consolide y se muestre de frente este gobierno mundial, el nuevo orden mundial sin máscaras, lo hará con el pretexto de la seguridad y el bienestar de todos, sin embargo no podrá abarcar el control total de todos los territorios continentales, debido a que, por paradójico que suene, en nuestro caso la ausencia e inexistencia de Estado que ha contribuido a la consolidación de gobierno mundial, también impide que estos mismos poderes puedan llegar a todos lados. Nuestra fortaleza y clave de supervivencia desde la disidencia es la ausencia del Estado-nación-moderno en buena parte de los territorios que lo conforma.

El futuro es claro. La única forma de sobrevivir a esto es la creación de órdenes paralelos con territorialidad propia que sean sustentados por un fuerte componente identitario de cohesión comunal, la única forma sobrevivir es la creación de Estados-feudales dentro del Estado, preparándonos para el inicio de un nuevo Medioevo, donde esperemos poder tomar y corregir lo que así deba ser hecho.

Ahora mismo se está llevando a cabo esta decisiva creación histórica. Casos como el de Hezbollah, más allá de estar o no de acuerdo con sus fines y prácticas, son realidades de Estados más allá de los Estados-nación. Esta agrupación política-religiosa con sus brazos políticos y armados, posee funciones estatales dentro del Líbano, algunas zonas de Siria, de la misma entidad sionista y de los territorios palestinos ocupados. Es el futuro ahora. Se podrá discutir sus objetivos y propuestas, pero lo que no se puede discutir es que un grupo privado como Hezbollah proporciona servicios públicos como hospitales, cuerpos armados, educación a su común -unidad.

Si ustedes quieren, puesto que cada ser es “libre” de hacer lo que quiera en estos días, desperdicien su vida sirviendo y aportando a un sistema caduco a punto de colapsar, aportando a su propia desgracia, muerte y desaparición; o bien podrían ser realistas, dejar de pensar en las ruinas del pasado en las que vivimos y pensar en el ahora, en nuestro eterno presente, ese ahora que se prolonga de forma permanente en nuestras vidas hasta haberlas concluido.

La pregunta es: ¿estás preparado para esto?

Lo demás es cuento.

 

 

 

Autor: Francisco Nuñez del Arco Proaño

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