VOCACIÓN Y MISIÓN DE MADRE

REFLEXIONES PARA LA SEMANA Domingo 17 de Marzo de 2019

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El pasado 8 de marzo con motivo del día internacional de la mujer, escuché por radio una expresión que reafirma lo que he planteado en otras ocasiones y que considero es fundamental comprender, para poder entender el momento cultural que nos toca vivir, y enfrentarlo desde nuestras convicciones sobre el sentido de Ia vida humana.

Una mujer entrevistada, decía, a propósito de la equiparación de derechos entre varones y mujeres, que se debían reconocer de igual modo las tareas productivas y las tareas reproductivas.

Quiero entender que se refiere a que la maternidad no sea obstáculo para que las mujeres sean consideradas en igualdad de condiciones a los varones, y no se as postergue ante Ia posibilidad de que queden embarazadas, y eso genere un problema para las empresas o instituciones.

Obviamente considero que, ante igualdad de méritos para un trabajo, no debería haber preferencias para un varón ante una mujer, por el hecho de que la potencial maternidad seguramente restaría tiempo productivo a la mujer y generaría gastos. Habitualmente esto está claro en el mundo de la educación sistemática.

Sin embargo, en lo que me quiero detener no es en esa cuestión, sino en la terminología que se utiliza, que me parece reveladora del viraje gravemente equivocado que se ha producido en la concepción del hombre de la cultura contemporánea, que equipara Ia reproducción humana, y en particular la maternidad, a una labor como cualquier otra, ya sea fabricar un auto, pilotear un avión, o conducir una empresa.

Insisto en el concepto de que, en el siglo XX, particularmente en particularmente, los fines de la existencia humana dejaron de ser los inculcados por un sane_ humanismo, iluminado por la fe cristiana, que orientaba al hombre a casarse y a formar una familia, a hacer de su trabajo un modo de realización personal y de servicio a la comunidad y a llegar al cielo. Hoy se trocaron por la formación de ciudadanos orientados a un modelo de producción de bienes materiales de consumo, al servicio deI "díos mercado o estado", que camina hacia el cementerio.

Desde esta perspectiva, e ideal de vida, por supuesto las tareas más asociadas al varón pasan a ser las más deseables, ya que la maternidad más que una bendición se transforma en un obstáculo para Ia producción. La cuestión de fondo es rescatar la enorme importancia de la figura de Ia madre en la vida de las personas. Ella es mucho más que la encargada de producir seres humanos. Ella es testigo protagónico de los primeros meses de vida de su hijo por pacer, y justamente por ello responsable como nadie de sus primeros años de vida.

La configuración física y psíquica de la mujer es acorde a esta misión que su naturaleza le asigna, insustituible por nadie en el mundo. Sólo ella es capaza de acoger, valorar y acompañar el desarrollo inicial de la vida humana. Esta labor, que es parte de una vocación y misión, es Ia más grande que se le puede asignar a alguien, y jamás podría equipararse a una actividad productiva de bienes o servicios.

Para no ser mal interpretado, aclaro dos cosas. Al decir esto para nada quito responsabilidad a la misión excelsa del varón llamado a Ia paternidad, tan necesaria como en crisis en la sociedad actual. El también debe asumir esa responsabilidad desde su especificidad masculina, junto a la mujer, ante el hijo de ambos.

También aclaro que la mujer es tan capaz como el varón en lo que a coeficiente intelectual respecta. De lo que se trata, no es de roles equiparables, sino de cualidades asignadas por la naturaleza, y para nosotros el creador, en función de finalidades que no decide el hombre sino que ya vienen dadas, antes de nuestras decisiones.

Si no nos reconciliamos con nuestro ser femenino y masculino, y la belleza de sus fines, y seguimos forzando la naturaleza humana, seguiremos lamentándonos por un sinnúmero de desórdenes que hoy padecen nuestros niños y jóvenes, al no recibir la atención que necesitan. Se tratará de bajar la edad de imputabilidad, o de elaborar códigos de convivencia? ¿No habrá, más bien, que recuperar la familia como célula básica de la sociedad, y dejar de atacarla? ¿"De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su vida..."?

Autor: Pbro. FERNANDO MARTIN

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