EDITORIAL Domingo 12 de Mayo de 2013

LA PROTECCIÓN DE LOS ANIMALES

0_animales-4.jpg Riña de gallos

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Pareciera que en el Siglo XXI los sacrificios de animales han desaparecido, pero tristemente siguen existiendo torturas de seres indefensos para adorar dioses falsos, tal como sucede en la riña de gallos, donde se sacrifica un animal para perseguir la codicia del dinero.

Para todos los cristianos, Dios ha creado el universo y ha puesto el mundo natural al servicio del hombre para que este se sirva de la naturaleza y pueda alcanzar su  fin, tal es así que San Ignacio escribe en “Principio y Fundamento” que el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado. Lo que hay en el mundo tal como se redacta en el Libro del Génesis es bueno para que la humanidad alcance su salvación, pero cada persona individualmente deberá descubrir cuales creaciones le son verdaderamente útiles.

Por lo antes expuesto, la Iglesia Católica ha tomado un rol más activo en la protección de toda creación divina. Muchos atribuyen al Beato Juan Pablo II el mayor trabajo de conciliación que tuvo la Iglesia para con los diferentes grupos sociales, en especial, con aquellos sectores proteccionistas del ambiente y la fauna; sin embargo hay que tener presente que los mayores Santos y referentes del cuerpo eclesiástico abocaron gran parte de sus vidas a la protección de los animales:

San Francisco de Asís (1182-1226): Patrono del medio ambiente, la ecología y los animales. Fundador de la Orden Franciscana. Vivió en la pobreza y la humildad, y tuvo siempre su corazón abierto para reconciliarse con todo. San Francisco se oponía a consumir carne diciendo los animales son mis amigos, y yo no como a mis amigos, como así también se opuso a la utilización de animales en espectáculos o toda actividad que los pudiese dañar. Era protector de aquellos “sin voz”, cuidó de enfermos y necesitados, ayudando a miles de hombres. Pero su devoción también se inclinó hacia la protección ambiental, donde las historias cuentan como amansó lobos y enseñó alabanzas a los pájaros. Sin dudas San Francisco de Asís fue un pionero en el cuidado de la vida; comprendía que cada ser vivo merecía ser respetado íntegramente, porque Dios no crea maldad, por lo que cada creatura debe ser protegida. Amaba todo tipo de creación, desde el sol y la luna hasta el insecto más pequeño, y estas enseñanzas se transmitieron también a sus órdenes. Tales muestras de caridad, más una vida de pobreza que practicaba lo que predicaba, llevaron a que miles de personas lo siguieran y aprendieran cómo amar debidamente las creaciones divinas.

Santo Tomás de Aquino (1224-1274): Conocido como el Doctor Universal, es el autor de la Suma Teológica. Es quizás el mayor pensador que más ha influenciado en conocimiento teológico y filosófico. Santo Tomás reconoce en el animal y el vegetal un alma, pero ha diferencia del hombre, el vegetal posee solo un alma vegetativa (nutrición, crecimiento y reproducción), y en el alma del animal es vegetativa y sensitiva (apetitos inferiores, sensación y locomoción), mientras que el humano posee un alma vegetativa, sensitiva e intelectiva (entendimiento y voluntad). Su protección animal se basa en la prédica de un deber moral, considerando que el hombre solo alcanza la santidad mediante el cumplimiento de preceptos. Y es un precepto fundamental el comportamiento noble, y en tal sentido resulta poco loable el causar daño innecesario a un ser vivo. No niega la necesidad de servirse de la naturaleza, pero si repudia el lastimar injustificadamente un ser vivo. En tal sentido considera que todo tipo de crueldad esgrimida en contra de la creación de Dios era un pecado que debía ser purgado.

San Martín de Porres (1579-1639): hermano dominicano, consagró su vida a barrer como muestra de humildad, quien sufrió de muchas discriminaciones por ser mulato. San Martín de Porres no brindó su caridad solo a los hombre, sino que también lo hizo con perros y gatos, que los alimentaba y cuidaba dentro de su templo y en la casa de su hermana; el cuidar enfermos y animales abandonados le llevó problemas con sus superiores, pero el siempre sostuvo que la caridad está por sobre toda autoridad. Ante el postulado bíblico del Gn. 1:28-31, nuestro Santo comprendía que los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. Todo lo creado debía ser prudencialmente utilizado, la supremacía del hombre sobre la naturaleza no era absoluta, ya que  su dominio se guía por el respeto religioso a la integridad de la obra de Dios, tutelando las generaciones venideras. Su máxima fue “Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

Como es posible estudiar, existieron muchas personas, incluyendo a San Felipe Neri, a San Roque, y tantos más, que influenciaron el pensamiento canónico respecto a la protección animal.

El séptimo mandamiento del Culto Católico es “NO ROBARÁS”, y si se realiza una interpretación más acabada y perfecta de tal mandamiento, se entenderá que no se debe privar a nadie de ningún bien que por derecho natural le corresponda. Por sobre las normas positivas del estado, existe un orden natural irrefutable e imposible de vencer para el humano, y dentro de ese orden natural encontramos fácilmente que es función del hombre continuar su especie.

Por ello es que, para cuidar la propia especie, no se puede privar de lo creado a las futuras generaciones, trátese de un ser vivo o algo inanimado.

El Beato Juan Pablo II fue consiente de tales enseñanzas y por tal motivo esgrimió “los hombres debemos amar y sentirnos solidarios con nuestros hermanos menores”.

Tapados de piel

El hombre se alimenta del animal, lo usa para sus vestidos, y hasta experimenta con el para cuidar la especie humana, pero la Iglesia ha sostenido que tales prácticas deben ser razonables, y que nunca persiguen un vicio, tal como la vanidad, donde los animales son matados por sus pieles o experimentados para crear maquillajes. Es contrario a la moral causar un sufrimiento innecesario a todo ser sintiente, tradición que proviene del pueblo judeo cristiano que en un primer momento promovió la abolición del sacrificio de animales.

Como se ha expuesto, los animales son creaciones de Dios y es obligación del hombre “administrar” los recursos que el Señor le ha confiado, pudiendo servirse de ellos, pero cuidándolos y preservándolos, siempre actuando con benevolencia. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce la propiedad privada, pero a su vez enseña que los bienes naturales tienen un destino universal. Si Robar es usurpar los bienes de su legítimo dueño en contra de su voluntad, explotar la naturaleza implica atentar contra la obligación moral de respetar los futuros hijos, y por lo tanto, privar de los bienes naturales a las futuras generaciones. Desde el Concilio Vaticano II se esgrimió un mensaje de protección al recurso natural, y el actual Papa Benedicto XVI ha aumentado sus indicaciones sosteniendo que es deber de cada persona cuidar y proteger todos los recursos.

Se concluye el presente ensayo sosteniendo que la Creación es un regalo divino a todas las generaciones de la humanidad, por lo tanto, la Iglesia exhorta a cada fiel a preservar todas las formas de vida. Los Santos y los fieles han sabido comprender que hay caridad y bondad en el acto humano de brindar amor a un animal, y en verdad es un acto indigno e inmoral el realizar prácticas crueles contra la Obra de Dios.

Autor: Horacio Fernando Giusto Vaudagna

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