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Historia-Hispanidad / Viernes 2 de Junio de 2017

ODIUM MILITIAE, ODIUM FIDEI, ODIUM PATRIAE

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Casa Rosada por aviones de la Armada en 1955

El lunes 29 de mayo, me encontraba como periodista invitado en los estudios de Radio Belgrano de Buenos Aires.

Por Patricio Lons
Entrevistado por el conductor Chiche Gelblung, (que me permitió desarrollar los valores cristianos tradicionales de nuestra historia), este me mostró preocupado como una muestra del poco compromiso con el conocimiento de nuestra historia que tienen algunas personas, las disparatadas declaraciones de una modelo sobre el desfile del 25 de mayo. Las que decían: "todo bien con las tradiciones pero esto no lo entiendo ¡¿militares marchando?!", como si no fuese algo propio de los festejos patrios, aquí y en todas partes del mundo. Lo raro sería ver militares dedicados a arreglar parques y jardines y a tejer mañanitas y escarpines, no que desfilen.

Otra joven panelista de televisión dijo: “No se ustedes pero a mí los aviones de combate sobrevolando la ciudad me da muy ’55. Escalofríos.” Haciendo con esta poco feliz e injusta comparación, referencia a los penosos bombardeos que realizaron la Aviación Naval y la Fuerza Aérea Argentina sobre la Plaza de Mayo de Buenos Aires en junio de 1955 para derrocar al presidente Juan Domingo Perón. Un pecado que tardaron veintisiete años en reparar ambas fuerzas, al combatir con heroísmo en la guerra del Atlántico Sur entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.
Parece que en nuestra actual decadencia, algunas personas llegan a famosas por ser muy doctas en ignorancia. Y creer que estas pueden opinar sobre tradiciones argentinas, es como esperar una opinión mía sobre gramática cantonesa o manchuriana.
Pues bien, aprovechemos estas no opiniones para sacar algo de bueno. En primer lugar deberían saber que los desfiles militares se hicieron siempre. Recordemos aquel viejo antecedente de 1825, bajo el gobierno del general Las Heras, ex jefe de estado mayor de San Martín. En aquel tiempo hubo un desfile multitudinario, en el cual marcharon hasta mujeres con grado militar, uniforme y condecoraciones ganadas en las invasiones inglesas. La más recordada es la vecina del barrio de San Telmo, doña Martina Céspedes, que fue nombrada “Defensora de Buenos Aires” por su actuación durante las segundas Invasiones Inglesas del 5 de julio de 1807. Le fue concedido el grado de Sargento Mayor del Ejército y luciendo su uniforme desfiló junto al entonces gobernador Las Heras, en una procesión de Corpus de 1825. Había capturado en 1807 junto a sus tres hijas, a doce soldados, quedándose a uno de ellos como yerno. Hubo otras mujeres como Manuela Pedraza, "la tucumanesa", que recibió grado militar y condecoración por orden de S.M.C. el rey Carlos IV. Había ultimado a un soldado inglés quitándole el fusil de las manos al invasor. Murió en la pobreza abandonada y olvidada por los gobiernos posteriores a la independencia. 
Me imagino a esas bravas criollas si hubiesen escuchado estas frases desopilantes si se hubiesen dicho en aquel momento, habrían sacado el sable para espantar y correr a esas dos anómicas del pensamiento hasta el puerto para que se vuelvan ambas a Italia.
Ante estas actitudes alimentadas durante doce años, con antecedentes de difusión de odio antipatriótico desde diciembre de 1983, solo puedo ver un desatinado odium militiae y odium fidei que desemboca en un suicida odium patriae. Odio al soldado, odio a la religión y odio a la patria.
Pensemos un poco que hace bien a la salud, ¿donde desemboca esta psicosis del progresismo? Odian al soldado de hoy, porque los de ayer los vencieron en el monte tucumano que querían convertir en territorio independiente, odian la fe sin la cual no sabrían leer y escribir ni tendrían esta tierra que cobijó a sus abuelos que llegaron para labrar sueños y esperanzas. Fue la fe en todo su esplendor la que impulsó las primeras universidades en la Edad Media y fue la fe la que empujó a los marinos castellanos a adentrarse sobre el azul del mar, adonde muere el sol. Y sin soldados ni fe, ¿qué patria podemos construir? ¿qué civilización vamos a defender? Sería algo tan vacío, como estas poco felices no opiniones. 
Podemos estar un tiempo más destilando odios sobre nosotros, pero eso no tiene futuro. El odio no siembra, por el contrario, se fagocita a una sociedad. Les propongo estimados lectores que cambiemos el verbo por Amor militiae amor fidei y amor patriae. A partir de ahí podremos construir un futuro mejor, esperanzado y feliz para las próximas generaciones.

Autor: Patricio Lons