CAPONETTO y LA OREJA DE MALCO

Editoriales Viernes 13 de Septiembre de 2019

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Antonio Caponetto

A raíz de un fuerte cambio de opiniones en las redes sociales con algunos seguidores de Antonio Caponetto (Director de la Revista Cabildo), es que me puse en el trabajo de escuchar la presentación que éste hábil orador hizo de su libro “No lo conozco – Del Iscariotismo a la Apostasía”, y con ello me ha sido suficiente para escribir este modesto artículo.

Autor: Luis F. Ferreyra Viramonte - Director

Caponetto propone un juicio público al Papa Francisco (como era costumbre –según nos ilustra- hasta el Siglo XII), por cuanto en sus gestos y actos pontificios, llega a la certeza de comprobar que el Vicario de Cristo en la tierra, no sólo niega a Jesucristo Dios, sino que lo niega abiertamente. Este juicio tremendo y temerario, sin embargo, no es propio de un cristiano laico católico y pasaremos a explicar nuestro humilde punto de vista.

Antes, quisiéramos decir que no nos consideramos en condiciones de mantener una discusión de temas teológicos, filosóficos o políticos, con nadie y menos con alguien que –errado o no- ha publicado varios libros en los que ha demostrado una sólida formación intelectual que jamás nos atreveríamos a discutir. Su revista nacionalista Cabildo, ha sido y es para nosotros, una publicación por demás valiosa para el nacionalismo y sólo por ello, merece nuestra más respetable admiración. Sabemos de las persecuciones y críticas de las que ha sido objeto por esta publicación.

Pero no obstante, tal como él, no podemos dejar de decir nuestra opinión sobre lo que consideramos un lamentable juicio y condena contra el Representante de Dios en la Tierra. Sin derecho de defensa alguno. Sin posibilidad, por las razones que fueran, que el Papa Francisco pueda explicar las razones de sus actos, aunque los que pertenecemos a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, nos quedan claros sus gestos ante el mundo y su firme vocación apostólica.

La oreja de Malco

Al escuchar la referida presentación del libro, con sus diatribas y desmerecimientos, se me vinieron a la memoria –no por mérito propio, casi seguro- dos pasajes importantes de los Evangelios. De eso hablamos esencialmente, ¿no?

El primero es aquél en el que –por la traición de Judas- un grupo de soldados mandados por el Sanedrín, apresan a Jesús el Salvador; y Pedro, el futuro Papa, saca su espada y le corta la oreja al servidor del Sumo Sacerdote, de nombre Malco (Juan 18, 10). ¿Que hace el Señor?, no sólo que curó la oreja de Malco (es decir, reparó el error de su discípulo –Lc 22, 51), sino que le dijo a Pedro: “Guarda tu espada porque el que a hierro mata, a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? Él pondría de inmediato a mi disposición más de 12 legiones de ángeles.” (Mt 26, 52-53)

Sólo para imaginarnos un escenario actual, Caponetto sería el Pedro que toma a su cargo la defensa de Cristo, utilizando una espada muy filosa que es su lengua y, curiosamente, hiere la oreja de miles de sus seguidores. Sólo Cristo Nuestro Señor podrá repararlas, y lo hará –si es su Voluntad- a través de la Santa Iglesia que fundó sobre Pedro y sus sucesores. Según la visionaria Ana Catalina Emmerich, “Malco se convirtió después de su cura, y en las horas siguientes sirvió de mensajero a María y a los otros amigos del Salvador.”

Y es que Caponetto, al ponerse en defensor de la Fe y de la puridad de la Iglesia, se coloca por encima de la Autoridad del Papa, metiéndose en un terreno que no le corresponde, aunque lo haga tan eruditamente.

Tanto las Apostasías como las Herejías, no pueden ser declaradas por un laico. Ni siquiera por un grupo numeroso de laicos o por todos los laicos del mundo. Lleva, como toda condena terrible, un proceso previo que debe conformarse a un procedimiento ya reglamentado; en donde se asegure el debido proceso y el derecho de defensa, institutos éstos que rigen en la Iglesia de Cristo desde el principio de su marcha en la tierra.

Este error garrafal y –creo- intencionalmente cometido, no lleva sino zozobra y confusión entre los fieles católicos. Quien se atreve –como Caponetto- a hacer público un juicio y condena tan terminantes, no sólo que es un soberbio inigualable sino que, además, se coloca voluntariamente y con conocimiento, fuera de la comunión con la Iglesia, es decir, en excomunión.

No obstante, debo coincidir con él, lamentablemente, que estamos ante una Iglesia jerárquica tibia y cobarde, que no se anima a confrontar a este hombre, y que la mayor de las veces, aparece como solidaria con todo aquél que esgrima una ideología que ataque sin piedad al Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo.

“Padre, perdónalos”

El otro pasaje que se me viene a la memoria, es aquél en el que Nuestro Señor, en el colmo absoluto de su sufrimiento, ante la burla e insultos que les propiciaban los judíos mientras lo crucificaban, en un gesto de Perdón y Amor Infinitos, le pidió al Padre de los Cielos que los perdonara, porque no sabían lo que hacían (Lc 23, 24).

Estas palabras, que no se aplican a Caponetto, siempre pienso que sí lo son a aquellos que lo escuchan y no conocen en profundidad los Evangelios ni la verdadera Tradición y recta Doctrina de la Iglesia. Se quedan en las diatribas antijudías del orador, y no ahondan en la verdadera Misión del Salvador: Establecer el Reino de Dios en la Tierra y darnos el Camino a la Salvación Eterna. Pero eso será, sólo hasta que advirtiendo el error, persistan voluntariamente en el mismo y, renegando de la Verdad, se aparten objetivbamente de la comunión eclesial.

Esta prédica de odio constante y confrontativo, no es para los cristianos hijos de Dios. No es para los que tratan de imitar a Cristo, cargando la Cruz de cada día. Es para aquellos que justifican su incredulidad, desconocimiento y falta de Fe, en lo que estiman la falsedad del Concilio Vaticano II y en todos los Papas que consideran ilegítimos, declarando a voz en cuello que quieren la Misa en Latín (y por eso no concurren a la Eucaristía), le molestan las guitarras o que el Papa use zapatos comunes.

Esa ignorancia culpable, viene a engrosar las filas de los anticlericales, que buscan todas las excusas posibles, para apartarse de la Unidad Eclesial, tan necesaria en esta época de Gran Tribulación (Mc 13, 14-21; Mt 24, 15-25; Lc 21, 20-24); de la que ni siquiera tienen idea. En definitiva, buscan en donde no tienen que buscar,

“Papolatría”

No conozco si fue él quien acuñó esta desdeñosa palabra, pero se la he escuchado en muchos de sus lacerantes discursos. Sus seguidores utilizan a modo de insulto, para defenestrar a los que defendemos al Papa. Quiere indicar, según parece, una suerte de ‘adoración’ al Papa y/o aceptación acrítica de sus actos y palabras; y con ello, realmente, me siento –como muchos otros- profundamente ofendido.

Como un émulo moderno de Lutero, Caponetto no hace más que reeditar su odio lacerante contra el Vicario de Cristo. Utiliza los inmensos e innegables dones que le ha otorgado el Señor, para defenestrar y juzgar al legítimo Sucesor de Pedro y a los fieles católicos que practicamos obediencia a la máxima Jerarquía.

Y los católicos, especialmente los franciscanos (como lo soy como Terciario, es decir laico) debemos obediencia a quien fue elegido por un Cónclave asistido por el Espíritu Santo. Ninguno de nosotros, por elevadamente culto o inteligente que seamos, se encuentra en condiciones de ‘declarar ilegítimo’ al Papa. Todo lo contrario, debemos asumir con humildad y sencillez, que su Santo Fundador estará presente siempre –hasta el fin de los tiempos- junto a su Iglesia y al Papa del momento.

Esa obediencia nunca puede ser llamada ofensivamente “papolatría”, pues no significa ‘adorar’ a una persona humana, sino ajustarse humildemente a la Voluntad del Salvador. Pues en el Obispo de Roma y en los demás Obispos del mundo entero, se encuentra excluentemente la facultad de interpretar rectamente la Palabra de Dios: “El que los escucha a uds. a Mí me escucha; el que los rechaza a uds., a Mi me rechaza ; y el que Me rechaza, rechaza a Aquél que me envió” (Lc 10, 16) Claro ¿no?

Pero además de ello, aún cuando todas las exageraciones y condenas tuvieran base cierta, prefiero acordarme –sobre todo- que el Papa Francisco es un sacerdote que tiene las manos consagradas y puede dispensar –nada más y nada menos- que los Sacramentos como herramientas imprescindibles de salvación. Por lo demás, será juzgado por el único con capacidad para hacerlo, que es el propio Dios.

Hacer lo que hay que hacer

Se equivoca nuevamente el Señor Caponetto al decir –como lo hace en la presentación de su libro- que el Papa  al ‘acercarse’ a los judíos y a los luteranos incurre en apostasía objetiva. No es cierto ni lo puede serlo nunca jamás. Estaríamos diciendo que Nuestro Señor, al comer con fariseos y prostitutas, lo era también. Es realmente una gran aberración.

Yo me pregunto: ¿Habrá leído alguna vez la Biblia el Sr. Caponetto? Si lo hizo, alguno de los dos tenemos una Biblia equivocada. Por que yo en los Evangelios, veo a un Jesús –verdaderamente hombre y verdaderamente Dios- que se acerca más a la Misericordia, al Perdón y a los Humildes; que a uno que cava una zanja y levanta murallas de odio y de rencor a hombres y mujeres que no han tenido la suerte de descubrir a Dios y a su Santa Iglesia; pero que dan la Misa en Latín y usa sus zapatillas rojas.

Pues ésa es la tarea que nos encomendó: “Vayan y enseñen lo que yo les he enseñado, a todo el mundo”. El Papa, Sucesor de Pedro, el primero de todos. Y es eso, nada más, lo que hace el Papa. ¿Alguien ha podido demostrar que el respeto por otras religiones y la búsqueda de la unidad, lo convierte en cultor de otras obediencias o la negación de la Divinidad de Cristo o de la primacía de la Iglesia Católica?

Pero hay un pedido (mandato) más, todavía: Que seamos UNO, como DIOS es UNO (y Trino). ¿Qué debemos hacer los católicos? ¿Escuchar a Caponetto o a Jesús? Para mí está muy claro.

Pues en todos los gestos de Su Santidad, no existe el más mínimo atisbo objetivo de apostasía ni hay proceso alguno en su contra; sino que se ven gestos buscando la unidad de los hombres y de las religiones. Con su mera presencia, aún con el gesto de llevar flores o permitir algún monumento, no se comete ‘apostasía’. Se comete, cuando se declara expresamente estar en contra del Evangelio o de la Tradición eclesial, de su jerarquía, como hicieron Lutero, Calvino, Enrique VIII y ahora Caponetto. Y salvo sus eruditos y soeces devaneos intelectuales de mediocre teología e inmenso ego, Caponetto (y sus innumerables seguidores) sólo han podido interpretar negativamente los gestos del Papa Francisco, olvidándose que él tiene –primero- que obedecer a Cristo y, después, a la iracundia de simples laicos que se atribuyen la capacidad de condenarlo a la infamia de una cachetada en público.

Al menos sabemos que por mayoría (no sabemos cuántos), el Papa Francisco fue elegido en el Cónclave, que no ha tenido queja de ilegalidad alguna. E inmediatamente después, TODOS los cardenales que intervinieron en dicho Cónclave, pasaron delante del Vicario de Cristo, y públicamente le juraron fidelidad y lealtad. Los cinco (y son más de 100, los que lo eligieron) al hacer pública la Dubia, no hicieron más que jugar una peligrosa carta a favor de los enemigos de la Iglesia. Pues las dudas de los Cardenales (que han de ser muy pocas, a la luz de sus conocimientos teológicos y doctrinales) deben ser prudentemente despejadas personalmente con el Vicario, sin dejar margen para grieta ninguna; y Francisco, Papa (Pues YA NO ES MÁS Bergoglio como insiste el publicista), no tiene obligación de contestarles y por algo (seguramente muy serio y grave) no lo hizo. Curiosamente, se enteraron los medios de comunicación, antes que los fieles católicos. ¿Por qué? Y honestamente, aún en mi ignorancia, habiendo leído varias veces el punto que discutieron, me parece que hay muy poco margen de error. No se advierte ninguna gravedad.

Y cada uno, debe hacer lo que tiene que hacer de acuerdo a sus circunstancias, sin depender de lo que hacen o dejan de hacer los demás. Existe una forma de advertir a los hermanos –sean de la jerarquía que sean, incluyendo al propio Papa- que están cometiendo un error; y el Señor la enseñó claramente. Se llama “corrección fraterna” y requiere –primero que nada- tomar valientemente el riesgo personal de advertirlo cara a cara; luego en compañía de dos o tres testigos y recién al último, decirlo a la comunidad. Empezar por el final, como hacen los detractores del Papa Francisco, me parece un acto de cobardía, que busca la gloria personal y el aplauso fácil.

La paja en el ojo ajeno

Parece que es costumbre ya encarnada de los argentinos, andar escrudiñando permanentemente a nuestro prójimo, para encontrar la paja en su ojo. El nivel de autocrítica es nulo, pero llenamos libros enteros y ocupamos horas de televisión, hablando de los demás. Estamos llenos de Tinellis y programas de chismes. Somos jueces y verdugos, antes que trabajadores del bien. Incapaces de ver nuestros errores, por una soberbia inaudita somos, sin embargo, capaces de las más altas y profundas difamaciones que, como dice justamente Francisco, es una forma de homicidio. No nos detenemos nunca en nuestro ánimo de destacarnos mediante la crítica ácida a los demás, como si no tuviéramos cosas importantes para hacer con nosotros mismos.

Y por eso estas líneas. Por cuanto existen demasiados ataques a la Cuerpo Místico de Cristo Nuestro Señor, como para seguir alimentando odios y divisiones. No tomamos en cuenta que tenemos poco tiempo para trabajar por el Reino de Dios y encontrar el Camino a la Casa del Padre. E insistimos inútilmente en cavar trincheras para el enemigo, arrastrando a miles de incautos que se dejan seducir por estos cantos de sirenas. No es la primera vez que esto sucede, pues siempre el padre de la mentira, ataca de todas las maneras posibles a Dios y a su Creación.

Pero creo que es la última. Pues sólo basta ver 'los signos de los tiempos', para ver -sin demasiado esfuerzo-, que el mundo se encuentra en caída libre, y que el poder de las tinieblas se esparce por todo el orbe, ofendiendo sin cesar a Dios y, aún cuando creo en su infinita Misericordia, es posible que esté al borde de una merecida limpieza ante los horrendos pecados que cometemos.

Ya que tiene las Llaves del Reino, creo que me conviene escuchar al Papa en sus homilías de Santa Marta, en las audiencias públicas de los miércoles; y en todas sus encíclicas que llaman al Perdón, a la Reconciliación y a la ayuda de los más necesitados y humildes por que, después de todo, para ellos vino el Señor Jesús.

Autor: Luis F. Ferreyra Viramonte - Director

Comentarios

Lisandro Farias de la Cuesta
Martes 8 de Octubre de 2019

Sería interesante, para algunas de las acusaciones que Caponnetto, en su inquina hacia el Papa Feancisco, dice sobre la casi constante "minutera" propalación de disparates, leyera lo que extraje del Libro del Padre Bover de la BAC LA TEOLOGIA DE SAN PABLO , páginas 365/368, año MCMXLVI. La solidaridad en el pecado, en virtud de la cual Cristose apropió y miró como suyos nuestros pecados y se hizo responsable de ellos, es el aspecto más trágico y misterioso de la misteriosa solidaridad de Cristo con los hombres y el que más claramente revela los estrechísimos vínculos de esa solidaridad.Pero de su realidad y verdad no cabe dudar, antelas resueltas declaraciones del Apóstol. Hemos de recordaralgunos textos, ya anteriormente mencionados, cuyo pleno sentido sólo se descubre a la luz del principio de solidaridad. Aquel texto de la Epístola a los Romanos: Deus Filium suummittens in similitudine[m] carnis peccati et de peccato, damnavit peccatum in carne (Rom. 8, 3), está lleno de enigmas. Dice el Apóstol que Dios envió a su Hijo para concluir deuna vez el negocio del pecado. Para ello, ¿qué hace? Le envíaen semejanza de carne de pecado. Pero ¿qué significa esa semejanza de carne de pecado? ¿Y qué conexión tiene con elnegocio que ha de concluir? Y lo más desconcertante parecela conclusión de ese negocio, que es la condenación del pecado en la carne. ¿En qué carne? ¿Y qué relación guarda con esa condenación aquella semejanza de carne de pecado? Todo enigmas, todo tinieblas, hasta que se aplica el principio de la solidaridad, que todo lo explica, que, dentro de la oscuridad del misterio, todo lo esclarece. La semejanza de la carne de pecado no significa pura semejanza, ni en las propiedades físicas ni en las morales. No en las físicas: que en éstas la carne de Cristo es a la nuestra, no parecida, sino sustancialmente igual. No en las morales: que en éstas la carne de Cristo, totalmente exenta de pecado, radicalmente impecable, es diametralmente diferente, y aun opuesta, a la nuestra pecadora. No hay, pues, entre la carne de Cristo y la nuestra semejanza en el sentido vulgar de la palabra, sino comunión o solidaridad, que, según se mire, es más y es menos que la semejanza. Esta solidaridad consistió en que, al entroncar Cristo en el linaje de Adán, asumió el tremendo oficio de representar y concentrar en sí toda la Humanidad, sustituyendo al viejo Adán en su funesta dignidad de cabeza y jefe supremo y universal de los hombres. En virtud de este íntimo consorcio, Cristo entró a la parte de todas nuestras desventuras, se apropió, El personalmente inocentísimo, todos nuestrospecados, y, ante el acatamiento de la divina justicia, apareció envuelto en ellos y responsable de todos ellos. Este sentido explica lo insólito de la frase semejanza de la carne de pecado. Y explica también los demás enigmas del texto. Investido de este oficio de cabeza solidaria, era ya capaz de ordenar y concluir el enmarañado negocio del pecado, para lo cual le enviaba Dios. Porque ese negocio no podía arreglarse sino dando a Dios la satisfacción debida por el pecado. Y sólo Cristo, solidario de* los hombres y responsable de sus pecados, era el que, sacrificado como víctima, podía dar a Dios plena satisfacción por los ultrajes que el hombre prevaricador le había inferido, según que ya antes se ha declarado.Con esto se explica también cómo y por qué el negocio,confiado a Cristo, había de terminar con la condenación del pecado. Y por fin queda claro en qué sentido esa condenacióndel pecado se realizó en la carne. Si esta carne fuera puray exclusivamente la carne personal de Cristo, por mera sustitución penal, el negocio del pecado, lejos de arreglarse, se hubiera complicado y enmarañado más. Mas no fué así. La carne en que fué condenado el pecado era a la vez carne de Cristo y carne nuestra, dado que toda carne estaba representada, incluida y concentrada en la carne de Cristo: era la carne de toda la Humanidad en su misma cabeza. Con la mera sustitución penal, en vez de repararse y restablecerse la justicia, se hubiera producido una nueva injusticia; mas con el principio de solidaridad, la justicia de Dios descargó verdaderamente en la carne de la Humanidad prevaricadora En la carne donde se halló el pecado recayó con la sanción merecida la pena del pecado. ¡Misterio de justicia y misterio de amor! Más claro y sencillo en la sobrehaz, pero también más profundo y arcano en su contenido, es otro texto, que ya varias veces nos ha salido al paso. Escribe el Apóstol a los Corintios, hablando de Dios y de Cristo: Eum, qui non noverat peccatum, pro nobis peccatum fecit (2 Cor. 5, 21). De dos extremos antitéticos y humanamente irreconciliables e irreductibles consta este misterioso texto: la absoluta impecabilidad de Cristo y su solidaridad con nuestro pecado. Las expresiones apenas podían ser más significativas y enfáticas. La impecabilidad era tal, que ni conocía siquiera el pecado, no, ciertamente, por ignorancia, sino por la radical incompatibilidad de todo su ser con el pecado; su inteligencia no menos que su voluntad, sus tendencias y sus sentimientos, se movían en una esfera superior y divina de santidad incontaminada e incontaminable, absolutamente inaccesible a todo flujo o sugestión del pecado. Y, sin embargo, al impecable Dios le hizo pecado. Es de notar que no dice San Pablo pecador, sino pecado. Pecado, si en un sentido dice menos que pecador, en otro sentido dice incomparablemente más. Dice menos, por cuanto excluye el asentimiento y la malicia de la voluntad en rebelarse contra Dios y quebrantar su santa ley. Mas, por otra parte, dice muchísimo más, por cuanto presenta a Cristo no ya simplemente invadido por el pecado, sino hecho como una masa de pecado o la personificación misma del pecado. Duras son estas palabras, que jamás el hombre hubiera osado proferir hablando de la santidad incontaminada de Cristo; pero se atreve a estamparlas el Apóstol, inspirado por el Espíritu de Dios. Pero por sí y en sí mismo eraCristo incapaz de verse reducido a semejante abyección. Por esto advierte San Pablo que Cristo fué hecho pecado por nosotros. No justifica suficientemente este supremo anonadamiento moral de Cristo el que se dignase someterse a él a favor nuestro. El bien que a nosotros nos resultase del anonadamiento de Cristo no era razón bastante para que El se abatiese tanto. La justicia lo vedaba y hacía imposible. Para que este beneficio nuestro fuera simplemente posible, era menester que Cristo se compenetrase e identificase tan íntimamente con nosotros, que nuestro pecado pudiera llamarse suyo. Y esto significa por nosotros: en representación nuestra. Cristo se hizo como la personificación de toda la Humanidad; y como la Humanidad entera era como una masa de puro pecado, Cristo vino a ser como la personificación de nuestro pecado. Y esto, nota San Pablo, este personificar el pecado en Cristo, no lo hizo ni pudo hacer el hombre; tampoco lo hizoel mismo Cristo en cuanto hombre; eso lo hizo Dios: fué un acto de su dominio soberano, que, dueño absoluto de los hombres y de sus voluntades y destinos , los transfundió y como encerró todos en Cristo, y con ello posuit Dominus in eo iniquitatem omnium nostrum (Is. 53, 6); et iniquitates eorum ip.se portabit (Is. 53, ti). Análoga significación tiene aquel otro. texto también antes citado: Christus... factus pro nobis maledictum (Gal. 3, 13). En el contexto se trata de la maldición inherente a la transgresión de la ley, al pecado. Donde es de notar que no dice el Apóstol que Cristo fué simplemente sometido a la maldición, sino que fué hecho maldición. Y esto, por nosotros: en representación nuestra, por cuanto nosotros le comunicamos la maldición divina que sobre nosotros pesaba. Con estas declaraciones de San Pablo queda patente su pensamiento sobre esta primera aplicación del principio de solidaridad al pecado, que es como el punto de partida de la redención. Puesto en claro este punto, que es, si vale la frase, como el punto negro de la redención, queda ya allanado el camino para las otras aplicaciones del mismo principio, no tan misteriosas y más frecuentemente atestiguadas por el Apóstol

Respuesta enivada el Martes 8 de Octubre de 2019

Gracias por tu comentario, interés y aporte. Voy a buscar el Libro.

Lisandro Farias de la Cuesta
Lunes 7 de Octubre de 2019

Esto lo dice San Pablo en la Carta 2 a los Corintos. ¿ Será también disparate o blasfemia? "21. A quien no conoció pecado, LE HIZO PECADO POR NOSOTROS , para que viniésemos a ser justicia de Dios en él." — II Corintios, 5 - 5:21 eum qui non noverat peccatum pro nobis peccatum fecit ut nos efficeremur justitia Dei in ipso 21 τὸν μὴ γνόντα ἁμαρτίαν ὑπὲρ ἡμῶν ἁμαρτίαν ἐποίησεν, ἵνα ἡμεῖς γενώμεϑα δικαιοσύνη ϑεοῦ ἐν αὐτῷ. Caponnetto ni es Teólogo ni Filósofo ni Escriturista , en cuanto menos Es un buen retor y polemista, pero eso no hace un Maestro y menos un Maestro en lo atinente a la Fé .

Respuesta enivada el Lunes 7 de Octubre de 2019

Estoy de acuerdo totalmente. Y por eso la nota.

Armando D. Garcia Lillo
Jueves 28 de Septiembre de 2017

Caponetto no creo que hable en contra del Vicario de Cristo, su religiosidad le impediría querer enfrentar al mismo Cristo, de allí su permanencia en la grey.- Lo que quiere Caponetto es señalar las interpretaciones errada de Jorge Bergoglio, que como humano las tiene.- Opiniones erradas y conductas no muy santas también originaron la Reforma Protestante, lo que pasa es que Lutero, Calvino, Enrique VIII, tenían opiniones e intereses que los llevaron por caminos errados.- Cosa que no ocurrió con Ignacio de Loyola, Santa teresa de Jesús y posiblemente con Caponetto.- Lo importante es analizar si el anatema de Caponetto señala una verdadera desviación de las enseñanzas de Jesús o no.- En lo que respecta a lo de cortar orejas es en un sentido figurado.- Lejos estoy de resolver problemas políticos o religiosos como lo quisieron hacer los Montoneros.- Con Cristo o por la Patria Armando

Respuesta enivada el Jueves 28 de Septiembre de 2017

Entiendo perfectamente su posición y creo que es sinceramente pacificadora (al contrario, por supuesto, que los Montoneros). Yo pensaba lo mismo de Caponetto, hasta que me dí cuenta que existe un tanto de ego sobre dimensionado y arrastra (por que tengo discusiones todos los días en las redes sociales) a muchos jóvenes que se confunden al escuchar a un hombre de su capacidad intelectual, depotricar contra el Papa que es, nos guste o no, el Vicario de Cristo y su Representante de Dios en la tierra. Con seguridad tiene equivocaciones, pero son menores a sus aciertos; y en ese momento tan particular de la historia, debiéramos mantenernos firmes a su lado. PAZ y BIEN.

Armando D. Garcia Lillo
Miércoles 27 de Septiembre de 2017

Muchas veces es necesario cortarles la oreja, para que comprendan la caridad de Jesucristo, caridad que vuelve a expresarse: Perdónalos porque no saben lo que hacen.-Han pasado 2000 años y aun no saben lo que hacen y han influido para que otros de la grey de Jesucristo erren el camino.- Caponetto como Ignacio de Loyola y Santa Teresa de Jesus realizan la contrareforma y señalan las desviaciones de la Iglesia sin separarse de ella como lo hizo Lutero.- La práctica del siglo XII del juicio público, seria oportuno, hoy que se pregona con tanta vehemencia transparencia y conductas abiertas al juicio publico.- Con Cristo y por la Patria Armando

Respuesta enivada el Miércoles 27 de Septiembre de 2017

Pero no en contra del Vicario de Cristo. Es cierto que los Santos que mencionan, fueron esenciales para la contrarreforma que se inició. Pero nunca se alzaron en contra del Papa, ni abrieron algún juicio en contra de éste. Si el mismo Señor Jesucristo amonesta a Pedro, ¿cómo Ud. puede insistir en que 'a veces' está bien cortarle la oreja a otro? Me parece que se equivoca y no estoy para nada de acuerdo con Ud.

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