¿ESTAMOS ANTE EL FINAL ARGENTINO Y SIN ORQUESTA?

Alto Perú Martes 19 de Diciembre de 2017

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Posiblemente de esto no pasemos

Hace pocos días escuchamos al ministro de Defensa argentino, Oscar Aguad. Sí, ese mismo que fue acusado de un desfalco por sesenta millones de dólares durante su gestión en la provincia de Corrientes, causa que simplemente la justicia cerró por considerar prescripta; el mismo ministro tiene una secretaria de origen militante en la agrupación terrorista Montoneros y que parece manejarlo a su voluntad. Es curioso, pero ese ministerio sigue en manos de enemigos de los militares. ¿Ocurrirá este absurdo en otros países?

Por Patricio Lons y Hernán Bel

Escucharlo fue muy triste…e indignante. Dijo que no hay plata para comprar aviones pero que le interesan los nuevos paradigmas para la defensa. ¿Se los sugerirá la montonera?

Habló de equipar a las FFAA con nuevas tecnologías, como los drones, que sabemos que tienen cierta utilidad táctica. ¡Pero de armas que nos protejan de las fuerzas inglesas que ocupan nuestro territorio, ni hablar! ¿Será una casa de artículos para el hogar el nuevo proveedor de equipos militares para las FFAA o, por lo menos, se intentará desarrollar esta tecnología en nuestro país?

También dijo que habló con Brasil y con Chile para que nos ayuden a combatir el narcotráfico. ¡Claro, porque ellos sí tienen fuerzas armadas preparadas para cualquier contingencia!

En la suma de disparates antiargentinos, habló de unificar fuerzas, como la Prefectura Naval con la Armada, y de las secciones aéreas del ejército y de la aviación naval con la fuerza aérea. Pero para ahorrar presupuesto, no por una cuestión de claridad en los objetivos estratégicos para la defensa o por un mejoramiento de los métodos operativos. Cada una de esas fuerzas, cumple un objetivo específico; no se pueden unificar. Pero ahí no se quedaba su despropósito como ministro. Sugirió continuar el proceso de reducir bases e instalaciones militares como se vino haciendo en todos los gobiernos desde 1983 a la fecha. Gobiernos todos muy democráticos y todos tan muy antinacionales como el que subió en 1976. O más todavía, porque se supone que lo hacen en representación del pueblo argentino. Aunque ya nadie se llama a engaño, representan a intereses de afuera.

Muy penoso es este gobierno de “Kontinuemos”. Yo quisiera que le fuera bien a cada nuevo gobierno que asume; pero es más de lo mismo. El sistema está corrompido hasta el artejo de los huesos.

No estoy totalmente seguro, pero creo avizorar un final patético no ya solo para este gobierno, sino para toda la Argentina.

Sus funcionarios son como un médico sacado de una película mezcla de humor negro y de terror, en la cual ante la consulta de un enfermo que tiene una fuerte neumonía, le responde que, en vez de tomar la terapia adecuada para sanarse, debe regalar sus bienes y donar sus órganos en vida.

Perón decía que para los radicales había solo dos tipos de problemas: los que se solucionan solos y los que no tienen solución. Esa filosofía nos gobierna hoy; con el agregado de un poco de cotillón sacado de una receta de mercadotecnia. El marketing político puede ayudar, pero no es gobernar.

De las gloriosas Fuerza Aérea y Aviación Naval que aterrorizó a los militares ingleses, a “tal vez pasemos a tener algunos drones”. Que, por supuesto, solo se utilizarán para combatir algún cartel del narcotráfico, de esos que no lavan su plata en la banca adecuada. Eso sí, los dineros robados por los políticos, esos no se devuelven y hoy somos gobernados por logias de cuarta y funcionarios con binacionalidad que en recepciones diplomáticas cantan himnos extranjeros y que de argentinos, solo tienen el pasaporte. A esta altura de la recuperación democrática, el latrocinio provocado por los políticos, debe sumar varias decenas de miles de millones de dólares. Da lo mismo que padezcamos dictaduras liberales o democracias progresistas, todas son antiargentinas, ninguna nos representa como pueblo. En cualquier gobierno dentro de estos sistemas, nos prohíben decidir sobre lo que sabemos y nos obligan a votar sobre lo que no entendemos. Por eso todos rechazan el pasado identitario hispánico del país. Están obligados a destruir toda tradición y pasado de aquella identidad; pues los cabildos eran una genuina representación de las necesidades, obligaciones e intereses de los vecinos.  Pero de eso, los políticos de hoy no tienen ni idea, pues carecen de voluntad de bien y son de una ignorancia supina. ¡Qué cambio sería volver  a los juicios de residencia como aquellos a los que se sometía a los virreyes al final de sus mandatos!

Por el momento solo podemos avizorar un muy triste final para nuestra patria, otrora tan viril y orgullosa de sí misma. ¿Caeremos sin pelear?, debemos todos preguntarnos. ¡Que la Virgen de Luján nos de su mano maternal para nuestra restauración, o nos cubra con su manto en la caída! ¡Solo un cambio drástico y con ayuda providencial, puede curar un tan largo período de necrosis del espíritu nacional y que se ha acelerado en los últimos cuarenta años! Por el camino que vamos, ni siquiera nos queda la gloria de un trágico final, como el que tuvieron grandes naciones que dieron todo su esfuerzo en un testimonio absoluto en la defensa de nuestra civilización; el cierre de nuestra patria puede ser apenas un paso de comedia. Roma vendió cara su derrota; nuestros políticos parecen querer vendernos a precio de saldo. ¡Que Dios con nuestra ayuda, no lo permita!

Me decía Gabriel Martínez, un destacado investigador sobre el indigenismo y sus raíces de financiación inglesa, que a  veces nos sentimos como en el mito de Casandra, que veía el final de Troya sin que nadie le creyera y esta vez estamos acompañado por la orquesta del Titanic, vemos lo que puede llegar a pasar y seguimos tocando música sin saber cómo lograr que la nación reaccione. Esperamos romper la maldición de Apollo sobre Casandra y  que estas líneas motiven a las personas adecuadas para rescatar a la nación.

Por el momento no podemos saber si el sacrificio de los 44 valientes del mar, servirá para galvanizarnos como pueblo y resurgir desde el subsuelo de la patria, o es la advertencia divina de nuestro final.  44 marinos, 43 caballeros y una dama cayeron por 44 millones de argentinos. Hace dos años y con un millón menos de habitantes, cayeron 43 gendarmes que viajaban a evitar desmanes en el norte. Dios suele dejar curiosas señales a la vista. Cada cristiano debe luchar con su testimonio hasta el final, de eso depende que la mano de Dios se incline de una manera o de otra. Por nuestra definitiva declinación o por nuestro resurgir como nación hispánica y católica. Muchos soldados, curas e intelectuales, trabajadores de todo tipo y padres de familia, se sacrificaron por la Argentina. En la fidelidad a nuestra fe y en nuestra abnegación está la respuesta que buscamos con esperanza.

Autor: Patricio Lons

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